miércoles, 22 de febrero de 2017

La entrada abierta al palacio cerrado del soberano

La concepción, nutrición y entrenamiento del embrión áureo como camino de salida del confinamiento físico está lejos de ser una disciplina velada bajo el críptico término del infans solaris por la alquimia occidental. (1) Con la suficiente apertura mental es posible hallar referencias y fragmentos en libros sagrados de la mayoría de las culturas, si bien con frecuencia parecen erradicados de contexto, ya sea porque el traductor o el autor de la exégesis desconociera la profundidad del tema tratado; en Eclesiastés 12:6­7, un erudito libro tanto del Tanaj como del Antiguo Testamento, leemos:
“Antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo; y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.”
Paisaje geográfico del cuerpo
humano desde el Taoísmo: un
microcosmos que emula al macrocosmos.
En varias escuelas taoístas se presenta nuevamente esta curiosa analogía geográfica con el cuerpo humano: la idea de concebir el organismo como una población con sus diferentes accidentes topográficos y significativos enclaves, los cuales han de ser administrados por un sabio magistrado: el shen o supraconsciencia. Pero la única forma de lograr la armonía es derrocar al draconiano emperador que ha tiranizado la comarca, al haber tomado por asalto la fuente, origen de la abundancia y los suministros. Para ello, es necesario ejercitar la rueda del pozo: el diario y persistente trabajo interior, para hacer ascender al espíritu de manera que vuelva a Dios —parafraseando al respetado Filaléteo— hacia la entrada abierta al palacio cerrado del soberano. Las semejanzas de este pictórico relato con la rota microcósmica son llamativas, y no está alejado de los cuentos griálicos sobre la devastación de las tierras del soberano herido; en Los Custodios de la Verdad, de Tim Wallace-Murphy y Marilyn Hopkins, leemos:
Los romances originales del Grial incluyen claves codificadas para un sistema herético de creencias que contradecía el poder monolítico de la opresiva Iglesia de la época. El soberno del castillo del Grial, el Rey Pescador, está herido. Ya no sirve a su empobrecido reino con eficacia y, al igual que los usurpadores de las verdaderas enseñanzas de Jesús, los líderes de la Iglesia cristiana devastan las vidas espirituales de aquellos a los que afirman servir. Cuando alguien lo suficientemente puro como para ver el Grial restituya la salud del Rey Pescador, su deteriorado reino será restaurado. Cuando las verdaderas enseñanzas de Jesús triunfen sobre la codicia, la mentira, la hipocresia y la tergiversación, se pondrá de manifesto la realización del Cielo en la Tierra.
En un principio, las enseñanzas de Jesús parecen distar de las antípodas con el taoísmo secular. Sin embargo, el magisterio taoísta se ha nutrido del budismo, y muchas de las conclusiones y preceptos de los bodhisattvas o santos iluminados orientales parecen coincidir con las máximas cristianas. Las semejanzas históricas en el camino al esclarecimiento de Budha y Cristo son en extremo profusas como para que el ojo entrenado las ignore; similares analogías se presentan entre la doctrina gnóstica del catarismo (proviniente del griego «καθαρός» katharós: ‘puro’) y el movimiento judío esenio (del vocablo griego «ὅσιος» ossios: ‘santo’).

De observar los textos neotestamentarios desde la óptica oriental, el sacramento del bautismo cobra un sentido diferente al considerar respectivamente al Agua y al Fuego como el Mercurio coagulado y el Suministro celestial; leemos en Lucas 3:16: “Juan respondió, diciendo a todos: yo os bautizo con Agua; pero viene el que es más poderoso que yo; a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él os bautizará con el Espíritu Santo y Fuego.” Richard Wilhelm en su exégesis al tratado chino del Libro de la Vida: El Secreto de la Flor de Oro, propone considerar la consagración del Embrión del Tao (el Hijo del Hombre) con el siguiente versículo de Juan 3:5: “Respondió Jesús: de cierto, de cierto te digo que el que no naciere de Agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.” Y hace también un interesante aporte distinguiendo los dos sentidos de rotación de la rueda:
  1. de manera predeterminada, ésta girará en sentido horario (rechtläufig) poniendo en relación las dos almas que habitan el cuerpo humano: el centro intelectual (el ego consciente o animus) y el centro animal (subconsciente o anima); las pasiones que asaltan al anima —la voluntad carente de discriminación— subyugarán al animus, forzando a que la inteligencia se ponga al servicio de los deseos; si el ego se somete a las pasiones del subconsciente, entonces será drenado de la energía vital y, eventualmente de continuar su progreso involutivo, terminará como un kuei o fantasma hambriento, con la apremiante necesidad de robar la esencia vital a otros seres vivientes;
  2. en cambio, a través del giro retrógrado, cuando el animus obtiene la maestría de las energías del anima, se logra la liberación de la ilusión externa (el māyā hindú o, en palabras del brillante Robert Monroe: el sistema de vida terrestre). Las energías así recuperadas son internamente transportadas de manera ascendente en la órbita microcósmica que eventualmente culmina en el nacimiento de un centro vital independiente de la existencia corporal; esta es la formación del filius philosophorum, deus o shen: la supraconsciencia.
Es decir que la diferencia entre una entidad descorporeizada creativa (en balance) y otra entrópica (en caos) nace en la disciplina energética del aprovechamiento del suministro interno. Un shen puede subsistir por tanto tiempo como la órbita microcósmica continúe en rotación, pero un kuei, en su estado famélico, sobrevivirá mientras consiga usurpar la energía ajena.

Esta es la razón por la cual tanto cátaros como esenios tenían al celibato en alta estima. Sabemos que los cátaros dividían dicho ejercicio en dos etapas: aquellos que ingresaban a su doctrina ya casados, continuaban manteniendo relaciones con su pareja a través del amor cortés, para eventualmente y en términos borgianos, definitivamente renunciar a la costumbre al adoptar el ascetismo de los perfecti. En el caso del esenismo, en el que repetidas veces se ha querido ver el germen del cristianismo,(2) a los individuos ingresantes se les exigía una vida humilde dedicada al estudio y disciplina, cuya base era la corrección fraterna mutua. Esta “corrección” se la ha visto más tarde en la práctica del Hesicasmo y por supuesto es la base de toda escuela del Cuarto Camino.

En el magisterio taoísta hallamos unas interesantes coincidencias, quizá vinculadas al hinduísmo, el cultivo del qi (chi) puede hacerse tanto a través del cultivo doble (en pareja) o simple; mientras que en la alquimia occidental hallamos la vía húmeda que se diferencia por su extensión en años con la vía seca, también denominada el camino del “arte sacerdotal.” El alquimista benedictino Basilio Valentín escribió en Las Doce Claves Filosóficas (3) al respecto:
El hombre sin mujer es mirado como un cuerpo separado en dos, y la mujer sin el hombre es lo mismo, es como si fuera un medio cuerpo, ya que nadie, particularmente, puede producir en sí mismo ningún fruto. Pero cuando viven unidos por el lazo conyugal, el cuerpo es perfecto y la evolución puede resultar de su semilla.
Desterrando la connotación explícita que aparentan las palabras del renombrado alquimista, deseamos esclarecer a través del siguiente pasaje brindado por el filósofo chileno Apiano León de Valiente, quien en su libro Las Cuatro Alas del Mercurio menciona:
Este segundo Adán fue arrancado de la Unidad original interior, y arrojado al mundo exterior de los pares de opuestos. Este segundo Adán está conformado por una parte femenina o cuerpo Mineral, o aspecto Lunar, Eva, y por otra parte masculina, Metálica, Solar o Adán propiamente tal. Como consecuencia del Big-Bang, ambas partes se trastocan, desordenando sus elementos y proporciones, de allí que esta materia posea su actual aspecto tosco y su actuar confuso. Ha cambiado su Cuerpo de Luz por una Larva Carnal.
Es decir, la concepción alquímica —y nuestros bienamados Hermanos en la Búsqueda de la Verdad nos permitirán sin duda añadir al gnosticismo, al catarismo, al esenismo y al cristianismo temprano: aquel profesado por los Padres del Desierto— entiende al Homo Sapiens como un soberano herido: su herida en el bajo vientre derrama energía vital hasta agotar la fuente. Allí el tirano atrabiliario —el complejo reptiliano o instalación foránea— retiene el control y sólo el Caballero del Grial, el Dracomante, puede a través de singular batalla: el ejercicio de la rueda del pozo u órbita microcósmica, retomar el control de los suministros energéticos del organismo.(4)

En el taoísmo, estos suministros se caratulan como Los Tres Tesoros (en chino tradicional: 三宝, San Bao) diferenciándose uno de otro por su frecuencia vibratoria (FRV); en el caso de una vida mundana sólo se tendrán disponibles dos de los tres tesoros: el jing (la apasionada fuerza generativa: la energía subconsciente del cuerpo orgánico o anima) y el qi (el suministro energético del conciente, ego o animus). Pero de retener y sublimar la energía sexual, surge una clase más sutil que provee de alimento al shen. Anteriormente, presentamos a los sacerdotes hawaianos o kahunas, quienes llamaban a esta tríada energética como maná, maná-maná y maná-loa respectivamente. Sólo esta última encumbrada forma de energía permite la concepción y nutrición del infans solaris. Gopi Krishna en su brillante libro Kundalini: the evolutionary energy in man concluye: (5)
A través del análisis de estos y otros hechos, poco a poco llegué a la conclusión de que, en virtud de los procesos evolutivos que ocurren en el cuerpo humano, descansará en los futuros investigadores confirmar o refutar que un centro consciente de alta potencia está siendo evolucionado por la naturaleza en el cerebro humano, en un lugar cerca de la coronilla, constituida por un tejido cerebral excepcionalmente sensible. La localización del centro permite que comande todas las otras partes del cerebro y del sistema nervioso de manera integral, con una conexión directa a los órganos reproductivos por medio del canal espinal.

En el hombre común, este centro embrionario se nutre del alimento nervioso presente en los fluidos seminales en una medida tan limitada que no interfiere con la función reproductora normal. Pero cuando está completamente desarrollado en individuos evolucionados, el centro está diseñado para reemplazar al centro consciente preexistente, utilizando para su actividad un combustible vital más poderoso extraído por las fibras nerviosas de los tejidos corporales en cantidades extremadamente diminutas recogidas y precipitadas a través del tubo espinal hacia el cerebro.
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