La evolución de la oriflama tripartita

En aras de generalizar positivamente nuestra ciencia, perdiendo cierto tinte alquímico pero sin desmerecer la arcaica tradición, podemos ofrecer algún marco biopsíquico al “proceso de ascensión,” que reviste de tres regímenes canónicos: el Nigredo, el Albedo y el Rubedo; aunque ampliados con la fase intermedia Citrinitas que se sintetiza en la enigmática frase “la Tierra es negra, el Agua es blanca; el Aire se vuelve más amarillento cuando más se acerca al Sol; el Éter es completamente rojo.” Pero el enigma quedará resuelto si se la interpreta considerando el acopio y sublimación del qi, como una fase de fuerte inversión y grandes condicionamientos bioenergéticos: el organismo afronta un cambio dramático durante el templado del atanor de manera de acondicionar la región del plexo solar que se convertirá en el repositorio del jing sublimado, conjuntamente con la erradicación de los estupefacientes endógenos que acompañan la usual pérdida del húmedo radical, sumándose la labor esforzada del centro cardiorespiratorio donde se produce la mixtura de los agentes que desencadenan el harnelmiatznel consciente para la producción del compuesto alquímico microcósmico.

¿Cuál es la bioquímica subyacente en este excepcional compuesto? Aun no podemos más que brindar una ristra de teorías y débiles deducciones; empero, podemos aventurar que no existe análsis clínico que pueda ofrecer una conclusión médica nueva: no se aprecian cambios mensurables en la química de la sangre o en los residuos de la orina. Por lo tanto, concluimos en que el proceso alquímico impacta, al menos en un principio, sobre el cuerpo energético. Quizá explique el por qué de los cambios iniciales comiencen siempre por sutiles variaciones del tono psíquico que luego alcanzan un denodado acento, y más tarde se somatizan, modificando la cronotropía e inotropía cardíaca para finalmente aquejar el ritmo respiratorio y la secreción gástrica; del libro El Tercer Ojo y Kundalini del doctor Bhim Sain Goel:
Desde el mismo día del despertar de Kundalini, mi respiración se había alterado considerablemente. No sólo solía cansarme con mucha facilidad, sino que también tenía dificultades para inhalar con cierta relajación. La inhalación y exhalación eran a menudo tan rápidas que cualquiera a mi lado se daría cuenta de inmediato. La respiración solía funcionar como si estuviera siguiendo una muy conocida técnica de pranayama, llamada bhastrika. Personalmente, creo que durante la activación de Kundalini que no es otra cosa que fuego, uno requiere más oxígeno y que, por ende, respira tan rápido.
Si durante el promedio del primer régimen del mercurio, pareciera que todo el sistema autónomo se rebelara contra la concentración del compuesto, la fría oscuridad que precede al moroso amanecer se intensifica cuando el aparato nervioso se ve sobreestimulado, perdiendo periódicamente el control en las reiteradas y embravecidas tormentas del mar endócrino, cuando las secreciones internas lleven al organismo a desasosegados cuadros de disautonomía durante la batalla de los opuestos: el enfrentamiento que se produce entre el sistema simpático y el parasimpático; en Histoire des Oiseaux en l'Autre Monde, el poeta francés Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac nos describe en singular prosa el combate que irrumpe —a condición de haber mantenido el principio hermético por más de un año— entre el cálido Vaso Gobernador (Tu-Mo daoísta o Pingala hindú) y el frío Canal de Función (Jen-Mo o Ida):
Caminé aproximadamente el espacio de cuatrocientos estadios, al final de los cuales advertí, en mitad de una campiña muy grande, cómo dos bolas que, tras haber girado una en torno a la otra durante mucho tiempo ruidosamente, se acercaban y, luego, retrocedían. Y observé que cuando se producía el encuentro se oían aquellos grandes golpes, pero a fuerza de caminar más adelante reconocí que lo que de lejos me habían parecido dos bolas eran dos animales, uno de los cuales, aunque redondo por debajo, formaba un triángulo por en medio, y su cabeza, muy elevada, con su roja cabellera que flotaba hacia atrás, se agudizaba en forma de pirámide, su cuerpo aparecía agujereado como una criba, y a través de esos orificios menudos que le servían de poros, veíanse deslizarse llamitas que parecían cubrirlo con un plumaje de fuego.

Paseándome por los alrededores, me encontré con un anciano muy venerable que contemplaba este famoso combate con tanta curiosidad como yo. Me hizo signo de acercarme, obedecí y nos sentamos el uno junto al otro [...]

Al comienzo del combate, la salamandra [sistema simpático], a causa de la vigorosa contención de su primer ardor, había hecho sudar a la rémora [sistema parasimpático], pero a la larga, este sudor se enfrió y esmaltó toda la llanura de una costra de hielo tan resbaladiza, que la salamandra no podía acercarse a la rémora sin caerse. El filósofo y yo nos dimos cuenta de que a fuerza de caerse y levantarse tantas veces, se había fatigado, pues los estallidos de trueno, antes tan espantosos, a que daba lugar el choque con que embestía a su enemiga, ya no eran más que el ruido sordo de estos golpecitos que marcan el fin de una tempestad, y este ruido sordo, amortiguado poco a poco, degeneró en un bufido semejante al de un hierro al rojo que se sumerge en agua fría. Cuando la rémora comprendió que el combate tocaba a su fin por el debilitamiento del choque a causa del cual ella se sentía apenas quebrantada, se levantó sobre un ángulo de su cubo y se dejó caer con todo su peso encima del estómago de la salamandra, con tal éxito que el corazón de la pobre salamandra, donde se había concentrado todo el resto de su ardor, se quebró y dio un estallido tan espantoso que no sé nada en la Naturaleza que se le pueda comparar. Así murió la bestia de fuego, bajo la perezosa resistencia del animal carámbano.
Cyrano de Bergerac describe el trayecto del fuego secreto por el plexo solar —la campiña muy grande— a medida que atraviesa los tres granthis: los nudos psíquicos donde Pingala, Ida y la médula espinal, el canal central Sushumna se entrecruzan con estentóreas consecuencias para el organismo, y hábilmente se adelanta a la siguiente etapa de la Obra Magna, presentando al anciano y venerable filósofo quien contempla pero no interviene aun en las batallas. El filósofo no es otro que el sub-mayordomo del Cuarto Camino, el centro mental de la incipiente supraconciencia, todavía en vías de desarrollo, que sólo puede observar los acontencimientos durante la etapa del Nigredo, ya sin los topes psicólogicos (buffers) que previamente amortiguaban las impresiones y ahora desencadenan una acentuada reactividad emocional a las vicisitudes terrenales, pues el obrero del arte se ve privado de la anestesia endógena, producto del implacable mantenimiento del principio hermético.

Nuestro apreciado John Ronald Reuel Tolkien ejercita con esmerada vehemencia la encumbrada pluma del arte al describir la batalla del iatromantis Gandalf el Gris, quien enfrenta al poderoso y demoníaco Balrog en el ascendente viaje desde las extremas fundaciones de piedra en los oscuros abismos, escalando a través de la pétrea escalera en espiral hasta los nevados picos de la sombría montaña de Moria,(1) triunfando sobre la potestad draconiana pero, no obstante, muriendo tras la contienda: “... me envolvieron las tinieblas —hace decir al entrañable mago itinerante, cuando reaparece como el Caballero Blanco— y me extravié fuera del pensamiento y del tiempo, y erré muy lejos por sendas de las que nada diré.

Esta muerte iniciática es temporal, sin embargo, la conciencia vigílica lleva un claro recuerdo de todo lo acontecido en las densidades superiores, y su subsecuente «resurrección» constituye el segundo nacimiento neotestamentario del que nos habla Jesucristo; se trata, en definitiva, del resultado directo del nacimiento de la supraconciencia: el anciano y venerable filósofo, ahora principio operador o Mayordomo de la Gran Obra, toma las riendas y se convierte, en las palabras de Mathurin Eyquem De Martineau, en el Piloto de la Onda Viva.

Lumen Coeli del artista
ruso Nikolai Roerich
La iluminación produce el blanco de la obra. Aunque, hemos de prevenir a nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad, que el régimen del albedo no es el momento de completo sosiego ni la hora de escatimar en esfuerzos. Son todavía comunes las tormentas inusitadas aunque efímeras; y serán aun frecuentes algunos desequilibrios nerviosos, dado que la limpieza de la médula ósea es reciente y la comunicación entre los centros psíquicos superior e inferior es débil; se requerirán de grandes dosis del ens seminis para la labor intensificada del nuevo centro nervioso, así que las molestias del bajo vientre pueden intensificarse. El adepto ha de nutrir al “bebé shen” con dedicación y esmero, oficiando como nodriza de nuestro “infans solaris,” también conocido como la “Shekinah” o carroza divina de la Kaballah, el “Hijo del Hombre” del cristianismo, la “Sakina” del sufismo o la caperuza “Mukalinda” del budismo que recuerda a las conchas de Santiago de Compostela de celebrada aparición en la iconografía alquímica. Gopi Krishna en su libro Kundalini: el Yoga de la Energía nos relata su experiencia:
Hago sólo una simple exposición de los hechos cuando digo que durante años me sentí como si estuviera atado de pies y manos a un tronco que corría enloquecido por un torrente, salvado milagrosamente una y otra vez, por un escaso margen y justo a tiempo, de morir estrellado contra las muchas rocas que sobresalían del agua que se arremolinaba por todas partes, dando vueltas y serpenteando en todas direcciones, como si fuese guiado por una mano maravillosamente rápida y diestra, infaliblemente precisa en sus movimientos. Durante años, cuando de noche estaba tendido y despierto en la cama esperando que llegase el sueño, a menudo sentía cómo la nueva y poderosa energía vital se extendía como una tempestad por las zonas abdominales y torácicas al igual que por el cerebro con un bramido en los oídos, una lluvia centelleante en el cerebro y un movimiento febril en la zona sexual y alrededor de ella, en la base de la espina dorsal, tanto delante como detrás, como si estuviese haciendo un esfuerzo supremo para combatir una emergencia causada por algún veneno u obstrucción en el organismo que amenazaba el estado suprasensible y extremadamente delicado del sistema cerebro-espinal.

En esos momentos sentía instintivamente que se estaba produciendo una lucha a vida o muerte dentro de mí, en la que yo, el dueño del cuerpo, no podía tomar parte, y me veía obligado a quedarme quieto y observar como espectador el extraño drama que se desarrollaba en mi propia carne. Nada podría expresar mi estado tan gráficamente como la representación de Shiva y Shakti, pintada por un antiguo maestro, en que el primero se representa tumbado impotente y supino mientras la segunda, en un estado de ánimo de total imprudencia, baila alegremente sobre su cuerpo abatido. El observador agazapado en mí, el supuesto poseedor del cuerpo carnal, ahora completamente sojuzgado y apartado a un segundo plano, se encontraba a merced, literalmente bajo los pies, de un poder atemorizador indiferente a lo que pensaba y sentía, y que procedía, impasible, a tratar el cuerpo como quería sin concederle el derecho de saber lo que había hecho para merecer ese ultraje. Tenía motivos para creer que dicha representación fue diseñada para ilustrar un estado exactamente como el mío por un iniciado que también había pasado por la misma dura prueba.
Si hemos de aceptar los tiempos que ofrece el experimentado doctor Jwing-Ming Yang, el período que cubre el régimen del albedo se prolonga por tres años, cuando el bebé yin shen evoluciona hacia yang shen. La visión daoísta concuerda en la duración y sostiene que el crecimiento del embrión áureo involucra su pérdida del principio negativo en pos del positivo siempre a través de la nutrición del caldo aurífero, razón por la cual se enfatiza el crucial mantenimiento de las reglas del arte; el doctor B.S. Goel continúa:
Con el paso del tiempo, descubrí que las sensaciones dolorosas en [la región kanda del cuerpo: en los nervios y venas situados debajo de los testículos] se aminoraban. No obstante, los efectos secundarios de la descarga aparecían en la mente en la forma de una profunda depresión. Y no sólo la depresión, sino que constataba que incluso mi irritación e ira también aumentaban. Si esta descarga sexual no se producía en varios días, invariablemente me sentía, en gran medida, pleno de felicidad y estabilidad. Me dio también una clara señal en cuanto a que los antiguos nervios y las formaciones conductuales contenidas en ellos se quemaban más fácilmente y aumentaba la velocidad de la evolución. Basado en estas observaciones, deduje que la preservación del semen es una de las cosas más importantes para todos aquellos que deseen seguir la senda de la meditación y el yoga, en especial para aquellos cuya Kundalini se haya activado.
Según distintas escuelas de pensamiento, la consecución de esta fase logra la santidad y la emancipación casi completa del sistema de control hiperdimensional, es decir, de los vaivenes de la Rueda de la Fortuna que denuncia el ocultismo. La distinguida académica inglesa Frances Yates en su obra Giordano Bruno y la tradición hermética, en el cap. II: El Pimander de Ficino y el Asclepius, al explicar la traducción que hace el filólogo renacentista Marsilio Ficino al tratado de regeneración egipcio: El discurso secreto de Hermes Trismegisto a su hijo Tat en la montaña, anexa el siguiente comentario sobre el resultado de la transmutación de los “ultores,” que hoy la ufología reconocería como “implantes:”
Al comentar este tratado, Ficino confronta la expulsión de los ultores y su sustitución por las Potestates Dei [poderes deíficos] con la experiencia cristiana de la regeneración en Cristo, el Verbo y el Hijo de Dios. En efecto, tal como pone en evidencia Festugiére, esta experiencia gnóstica parece ser algo similar a la gracia que actúa cancelando la predestinación impuesta por las estrellas. Reproduzco acto seguido una lista de las Puniciones y las Potestades según la traducción latina de Ficino [...]:
PUNICIONESPOTESTADES
Ignorantia [ignorancia]Cognitio Dei [conocimiento de Dios]
Tristitia [tristeza]Gaudium [alegría]
Inconstantia [inconstancia]Constantia [constancia]
Cupiditas [deseo]Continentia [continencia]
Luxuria [lujuria]Castitas/Fortitudo [castidad/fortaleza]
Injustitia [injusticia]Justitia [justicia]
Deceptio [engaño/mentira]Veritas [verdad]
Invidia [envidia]Bonum [bondad]
Fraus [fraude]Lumen [luz]
Ira [ira/violencia]Vit [vida]
Temeritas [miedo/temor]-
Malitia [aflicción]-
De exponer una explicación que nos oriente a una visión más positiva del fenómeno, el régimen del nigredo parece poner en funcionamiento un núcleo neuronal preexistente pero inactivo en el hombre mundano, mientras que durante el albedo todo indica que este centro desarrolla astrocitos gliales que sirven de sede a nueva y flamante materia gris, (2) y que finalmente comienza a sincronizarse con la neocortex, (3) dirigiendo de ahora en más toda la orquesta cerebral. Este nuevo centro indudablemente es el rector del tercer ojo o visión interior —un órgano atrofiado que recupera su actividad a través del ens seminis sublimado— y que amplía la interpretación del entorno a la cuarta densidad. En un terreno totalmente hipotético, este centro incipiente parece recibir una influencia regente completamente diferente a la del cerebro reptiliano (complejo-R), que explicaría la autonomía frente a la manipulación hiperdimensional que caracteriza a la humanidad dormida.

Una vez desarrollado y consolidado el centro mental de la supraconciencia, se ingresa al régimen citrinitas, del cual nuestro respetado Fulcanelli nos certifica la obtención de la serenidad tan anhelada (Las Moradas Filosofales, cap. El maravilloso grimorio del castillo de Dampierre):
Este criterio es, pues, insuficiente, aunque justifica este axioma conocido de que toda materia seca se disuelve y se corrompe en la humedad que le es natural y homogénea. Es la razón por la cual ponemos en guardia al principiante y le aconsejamos, antes de entregarse a los transportes de un gozo sin mañana, aguardar prudentemente la manifestación del color verde, síntoma del desecamiento de la tierra, de la absorción de las aguas y de la vegetación del nuevo cuerpo formado.

Así, hermano, si el cielo se digna bendecir tu labor, y, según la palabra del adepto, si te fata vocant, obtendrás primero la rama de olivo, símbolo de paz y unión de los elementos, y, luego, la blanca paloma que te la haya traído. [...]
Completado este régimen, la «mente zen» o de verdadera serenidad en términos taoístas, tiene la capacidad de mover el punto de anclaje, del que hablaba el antropólogo peruano Carlos Castaneda, desde el centro de atención vigílico en tercera densidad hacia la supraconciencia en cuarta densidad, generando a voluntad el estado de samādhi.

Del régimen del rubedo poco diremos; tan sólo que la completitud de la etapa previa, citrinitas, y la evolución al centro púrpura cubre un total de nueve años. Y añadimos una advertencia que hemos hallado en múltiples tratados budistas: si bien ya es posible realizar viajes astrales prolongados, se advierte el evitar a las entidades parasitarias hasta completar la maduración total de la supraconciencia; además, se debe considerar el riesgo que el embrión desarrollado no desee retornar al cuerpo físico, encontrándolo como un hábitat despreciable y hediondo, e intentando emanciparse antes de tiempo; por lo cual se aconseja reiteradamente cumplimentar la cantidad total de años para obtener de manera definitva las facultades taumatúrgicas (el bienaventurado “don de Dios”), y erradicar cualquier peligro en cuarta densidad.

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La desintegración positiva en el proceso de iluminación (I)

El proceso psíquico de catarsis y transmutación que detona el harnelmiatznel consciente entre el Agua de Vida y el Espíritu Igneo puede ser estudiado de manera positiva bajo la teoría de la desintegración psicológica fruto de la esmerada labor del psiquiatra polaco Kazimier Dabrowski en sus estudios sobre la Higiene Mental.(1) El maestro alquimista Fulcanelli, no dejó de mencionar veladamente estos trabajos internos de “podado psíquico” sobre ciertos bloques patológicos presentes en el aspirante al adeptado:
Hemos dicho, y lo repetimos, que el objeto de la disolución filosófica es la obtención del azufre que, en el Magisterio, desempeña el papel de formador al coagular el mercurio que le está unido, propiedad que posee por su naturaleza ardiente, ígnea y desecante. «Toda cosa seca bebe ávidamente su húmedo,» dice un viejo axioma alquímico. Pero este azufre, a raíz de su primera extracción, jamás es despojado del mercurio metálico con el que constituye el núcleo central del metal, llamado esencia o semilla. De donde resulta que el azufre, conservando las cualidades específicas del cuerpo disuelto, no es, en realidad, más que la porción más pura y más sutil de ese mismo cuerpo. En consecuencia, podemos considerar, con la mayoría de los maestros, que la disolución filosófica realiza la purificación absoluta de los metales imperfectos. Pues bien; no hay ejemplo espagírico o químico de una operación susceptible de dar semejante resultado. Todas las purificaciones de metales tratados por los métodos modernos no sirven más que para desembarazarlos de las impurezas superficiales menos tenaces. Y éstas, traídas de la mina o acarreadas en la reducción del mineral, son, generalmente, poco importantes. Por el contrario, el procedimiento alquímico, al disociar y destruir la masa de materias heterogéneas fijadas en el núcleo, constituido por azufre y mercurio muy puros, destruye la mayor parte del cuerpo y la hace refractaria a toda reducción ulterior. [...]

Nadie podría discutir la importancia y la preponderancia de la disolución, tanto en química como en alquimia. Se sitúa en la primera fila de las operaciones de laboratorio, y puede decirse que la mayoría de los trabajos químicos están bajo su dependencia. En alquimia, la Obra entera no implica sino una serie de diversas soluciones. No cabe, pues, sorprenderse de la respuesta que da «el Espíritu de Mercurio» al «Hermano Alberto» en el diálogo que Basilio Valentín nos incluye en el libro de las Doce claves. «¿Cómo podría tener yo este cuerpo?», pregunta Alberto. Y el Espíritu le replica: «Por la disolución.» Cualquiera que sea la vía empleada, húmeda o seca, la disolución es absolutamente indispensable.
Añadimos, con las debidas reservas, que la diferencia entre la remoción de impurezas química y alquímica es el grado de consciencia o inteligencia de las fuerzas intervinientes; nos arriesgamos a plantear que el poder espiritual que opera sobre el obrero del arte es claramente una influencia inteligente y sensible, abierta a la consideración del individuo, materia primera y destinatario final del proceso de desintegración positiva o “disolución filosófica,” en tanto que la reacción química en los metales opera, si bien análogamente, bajo un nivel inherentemente mecánico.

No obstante, nos permitimos señalar que según nuestro estudio y experiencia sobre las disciplinas esotéricas que decantan en el Síndrome Kundalini,(2) las sucesivas desintegraciones conllevan una inusitada agrupación de sensaciones nerviosas junto a síntomas orgánicos detrimentales —en algunos casos llamativamente severos— tal vez en íntima relación al recableado neuronal operado sobre los sistemas simpático y parasimpático, detonados por la abundancia del nuevo suplemento energético provisto por el método de flujo inverso de la energía seminal.(3) En consecuencia, cuando el pandit Gopi Krishna postula que “... los impulsos simpáticos aceleran y los provenientes del parasimpático ralentizan el accionar del corazón; en cambio, la motilidad y secreción del tracto digestivo son aumentadas por los impulsos parasimpáticos y reducidos por los simpáticos,” hallamos sosiego en una explicación completamente lógica a las dificultades físicas, en particular, gástricas y cardíacas, de reiterada aparición durante la Obra Menor —la rectificación de los primeros tres chakras: correspondientes a Saturno, Júpiter y la Luna,— que más tarde se volverán trastornos esencialmente psíquicos durante la fase de la Obra Mayor —los siguientes tres chakras superiores: Venus, Marte y Sol— y que totalizan las seis caras de nuestra piedra cúbica. Dentro de la recargada simbología tanática de la alquimia occidental fue el jeroglífico de la mortificación el encargado de prevenir al aspirante sobre los procesos de putrefacción filosófica:
Gran cantidad de filósofos han adoptado este modo de expresión y han velado, bajo temas fúnebres o macabros, la putrefacción especialmente aplicada a la segunda Obra, es decir a la operación encargada de descomponer y licuar el azufre filosófico salido de la primera labor, para convertirlo en elixir perfecto. Basilio Valentín nos muestra un esqueleto en pie sobre su propio ataúd en una de sus Doce claves, y nos pinta una escena de inhumación en otra. Flamel no sólo coloca los símbolos humanizados de la Ars Magna en el cementerio de los Inocentes, sino que decora su placa tumular, que se ve expuesta en la capilla del museo de Cluny, con un cadáver comido por los gusanos y con esta inscripción: «De, terre suis et en terre retourne.» Senior Zadith encierra, en el interior de una esfera transparente, a un agonizante descarnado. Henri de Linthaut dibuja en una hoja del manuscrito de la Aurore el cuerpo inanimado de un rey coronado, echado en la losa mortuoria, mientras que su espíritu, en la figura de un ángel, se eleva hacia una linterna perdida en las nubes. Y nosotros mismos, después de estos grandes maestros, hemos utilizado el mismo tema en el frontispicio de El misterio de las catedrales.
Empero, nuestro análisis quedaría efectivamente incompleto de no agregar la intromisión de la componente hiperdimensional que, durante los momentos críticos de la prolongada fase del Nigredo, aparece acentuando los sincronismos negativos que rodean la “suerte” del obrero del arte. Sirva nuestra experiencia entonces para recomendar al aspirante atenta cautela y estoica espera durante los episodios de ansiedad, angustia y depresión asociados a la disautonomía general motivada en el organismo por el fragor de la “batalla de los opuestos” —cuando los sistemas endócrino y nervioso luchen por la soberanía del dominio corporal,— dado que ciertas entidades dañinas pretenderán maximizar el loosh vertido a través de esta primer desintegración positiva: pues, ¿qué otro comportamiento se podría esperar de estos seres psicopáticos más que el fraguado de eventos detrimentales para aumentar los picos de miedo y desasosiego?

Emblema 33° de Atalanta Fugiens,
cf. artesón III de la quinta serie:
SI.NON.PERCVSSERO.TERREBO
Como hemos ya visto en las similitudes del magisterio sufista y daoísta, la fricción de la que hablan Gurdjieff y Ouspensky, previa a la transformación del Sub-Mayordomo (el centro psíquico observador) en el Mayordomo (la evolución hacia un centro psíquico operador), conlleva elaborados estados de neurastenia. En la misma línea, el proceso Kundalini que detona las disciplinas yógicas hinduístas, uno de cada dos practicantes se topan con marcados trastornos de ansiedad antes o durante el proceso de iluminación: casos como los documentados por los doctores Bonnie Greenwell y Bhim Sain Goel.(4) De igual modo, la alquimia occidental presenta una analogía en la batalla entre la mente subconsciente (serpiente/dragón) y la mente consciente (león/águila) antes de la aparición del piloto de la Gran Obra; reiteramos entonces que el concepto del “piloto” alquímico es claramente equivalente al “mayordomo” sufista del Cuarto Camino; Gopi Krishna lo denomina como un centro mental latente que evoluciona, de contar con el suplemento seminal sublimado, en la supraconsciencia; mientras que Fulcanelli y el gremio de los alquimistas lo llaman echeneis o pez hermético del Mar Rojo:
Esta isla no es más que otra figura del pez hermético nacido del mar de los Sabios —nuestro mercurio que Hermes llama mare patens,— el piloto de la Obra, primer estado sólido de la piedra embrionaria. Unos lo han llamado echeneis y otros delfín con idéntica razón, porque si el echeneis pasa, en la leyenda, por detener y fijar los navíos más fuertes, el delfín, cuya cabeza se ve emerger en nuestro bajo relieve, posee un significado también positivo. Su nombre griego, δελφις, designa la matriz, y nadie ignora que el mercurio es llamado por los filósofos el receptáculo y la matriz de la piedra.
El caso de desintegración del doctor B. S. Goel, documentado en su libro El Tercer Ojo y Kundalini: relato empírico del viaje desde el polvo a la divinidad, es particularmente interesante ya que reviste varias precauciones físicas, chequeos emocionales y depuraciones mentales que todo aspirante debiera considerar como precondiciones, con objeto de minimizar los fuertes efectos físicos y psíquicos que demarcan las dos fases de la Gran Obra. Sentimos necesario advertir a nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad que consideramos este relato como una apología al reclutamiento de un neófito dentro de una jerarquía teócrata,(5) dada la fijeza mental y emocional del autor para con su hipotético gurú. Pretendemos subrayar —aunque con un manto de severa piedad porque bien sabemos la inusitada coerción y programación a la que puede ser sometido un peregrino durante su infancia— que su vivencia detrimental durante los múltiples episodios de purgado psíquico pudieran estar acentuados debido a la anatemizante disposición sumisa de su sistema de creencias y en su errada ideología de someterse ciegamente a un dios, entregando su devoción y libre albedrío, careciendo de una sólida inversión emocional en sí mismo, condiciones que entendemos como una patente invitación a la intrusión hiperdimensional.

El relato se divide en tres grandes momentos de desintegración, todos precedidos de un fuerte shock emocional que, de acuerdo a nuestra investigación, la más de la veces produce un despertar anticipado de la supraconsciencia, sobre todo, como es el caso, cuando se desarrollan disciplinas yógicas como el pranayama; si sostenemos la analogía daoísta y comparamos la iluminación con el alumbramiento del infans solaris, un despertar precoz de la Kundalini podría verse como el parto de un bebé prematuro, y en tal caso, debiera extremarse las precauciones, dada la inmadurez del centro mental incipiente:
[...] comence a sufrir de incontenibles ataques de llanto en forma repentina. El ataque comenzaba en un estado de gran dolor. Lloraba y sollozaba de manera patética y luego, recuperaba automáticamente la compostura. En aquel momento no podía sospechar que esto se prolongaría por seis meses. De nada sirvieron el razonar, la autosugestión o el autoconsuelo. La idea de la muerte y de la demencia me dominaban con tanta fuerza que, simplemente, lloraba y lloraba. También me ponía a gritar en medio de los llantos: “¡Madre! ¿Quién cuidará de mí ahora? ¿Qué sera de mí ahora?”

Supuse que estos ataques de llanto se debían al proceso de disolución de los nervios formados en la etapa más infantil y, evidentemente, mi madre tenía una profunda conexión con estas formaciones nerviosas. Sin embargo, nadie a mi alrededor podía tener intuición alguna sobre estos asuntos. Nadie podía imaginar que estaba pasando por un proceso que sería más profundo y aterrador.
El ojo entrenado puede hallar llamativo que el doctor Goel desconociera el papel central que ocupa nuestro mercurio y la necesidad imperiosa de mantener, durante todas las fases de la obra, el principio hermético; muchos de los vaivenes emocionales que sufrió luego de la activación Kundalini —comparables a un trastorno bipolar— podrían estar en directa relación con que el embrión de la supraconsciencia carecía del destilado nutritivo:
Algo interesante que estaba observando en todo este proceso de Kundalini era que la energía sexual o el semen jugaban una parte muy importante. Con la activación de Kundalini, es el semen el que comienza a elevarse con las oleadas de prana. No tengo otra evidencia directa para tal conclusión, salvo mi propia experiencia. Lo podía sentir una y otra vez en mí. Pude llegar también a la misma conclusión, a través de muchas otras observaciones. En las primerísimas etapas de la actividad de mi Kundalini, por ejemplo, descubrí que en cualquier momento se producía una descarga sexual. Muy pronto me encontré en las garras del dolor tanto mental como físico. Esto no guardaba conexión alguna con mi pensar, como podrían sentirse inclinadas a imaginar algunas personas, así llamadas doctas, con conocimientos en psicología.

El dolor físico siempre se produce en los nervios y venas situados por debajo de los testículos y algo por encima del ano. Este es el punto que se conoce como
kanda en el lenguaje yógico de la India y que constituye el punto de partida de los nervios más importantes [...] Después de la descarga sexual, la sensación de estos nervios solía ser tan dolorosa que me maldecía por ello.
Ya en sus capítulos finales, Goel plantea un resumen brillante desde la óptica hindú al trabajo que opera la virgen negra Shakti en su tránsito ascendente hacia su esposo Shiva: la energía Kundalini comienza su camino bajo el elemento tierra, cuando atraviesa el chakra muladharaproduciendo el quiebre del ego, resultante de la dislocación de los dos nervios, del raga [apego] y el dwesha [rechazo], a partir del Brahma-randhra [Puerta Celeste en la coronilla]. Para la persona, tal cosa representa la experiencia de la muerte. El yo de la persona, tal como lo ha entendido hasta este suceso, cae en una terrible confusión y enorme sufrimiento.” El siguiente destino de la energía regeneradora consiste en llegar al chakra swadhistan, correspondiente al elemento agua, en donde se enmiendan “los vasanas [deseo sensual], vrittis [taras mentales] y otras impurezas contenidas en el chitta [almacenamiento de impresiones mentales], de manera que se limpie y purifique.” Estos dos primeros pasos preparan el centro instintivo y emocional, mientras que los tres chakras siguientes: Manipura, Anahata y Vishuda, correspondientes al elemento Aire, Fuego y Akasha, rectifican, aquietan y calman el centro mental. Paralelamente, este sería el objetivo central del Cuarto Camino que denomina como la fusión de egos.

Reconociendo la importancia del ineludible trabajo personal, no agregaremos más sobre esta obra que consideramos de suma importancia para preparar al aspirante ante días inciertos y noches turbulentas en el moroso caminando del adeptado hermético. Considérese que recomendamos su lectura por las experiencias que se desarrollan y de ningún modo avalamos el sistema de creencias teocrático como así tampoco la mayoría de las conclusiones a las que llega el autor.

Concluimos nuestro primer análisis arribando al siguiente corolario: la Iluminación, condición suficiente para la liberación de las ataduras físicas, no implica el logro de la autonomía emocional, requisito necesario para la emancipación espiritual. Todo trabajo alquímico exige no sólo de esfuerzo y perseverancia, sino de aplicar la labor crítica, timón único que debe ser operado a través del conocimiento riguroso junto a la experimentación juiciosa. Las distinguidas palabras con que Fulcanelli cierra el último capítulo de El Misterio de las Catedrales son más que elocuentes:
Nadie puede aspirar a la posesión del gran Secreto, si no armoniza su existencia al diapasón de las investigaciones emprendidas. No basta con ser estudioso, activo y perseverante, si se carece de un principio sólido y de base concreta, si el entusiasmo inmoderado ciega la razón, si el orgullo tiraniza el buen criterio, si la avidez se desarrolla bajo el brillo intenso de un astro de oro. La ciencia misteriosa requiere mucha precisión, exactitud y perspicacia en la observación de los hechos; un espíritu sano, lógico y ponderado; una imaginación viva sin exaltación; un corazón ardiente y puro.

Exige, además, una gran sencillez y una indiferencia absoluta frente a teorías, sistemas e hipótesis que, fiando en los libros o en la reputación de sus autores, suelen aceptarse sin comprobación. Quiere que sus aspirantes aprendan a pensar más con el propio cerebro y menos con el ajeno. Les pide, en fin, que busquen la verdad de sus principios, el conocimiento de su doctrina y la práctica de sus trabajos en la Naturaleza, nuestra madre común. Por el ejercicio constante de las facultades de observación y de razonamiento, por la meditación, el neófito subirá los peldaños que conducen al SABER.

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La kabbalah hermética y la tradición templaria

Nuestro respetado Fulcanelli, aquel autor plural de las crípticas e iluminadas obras Las Moradas Filosofales y El Misterio de las Catedrales fue —al menos, en el caso del ingenio rector que dio forma final a sendos escritos— un caballero de la Orden Templaria de Bretaña. Los numerosos trabajos del filólogo románico Juan García Atienza, brillante exponente de La Gran Manipulación Cósmica, pueden orientar al neófito en los secretos y virtudes de esta fraternidad occidental de artesanos, monjes y guerreros, y distinguirla de cualquier otra orden menor que, usurpando sus tesoros druídicos y gnósticos, lucró con el conocimiento de la Ciencia Sagrada dentro de las punitivas sectas de tinte religioso y político que más tarde se etiquetaron como Jesuitas, Iluminados, Rosacruces y Masones.

El maestro alquimista nos regala en sus escritos eruditos una acentuada diferencia entre la cábala fonética —aquellos juegos semánticos compuestos de asíndetones eufónicos que brindan capas de significado adicionales a una frase,— y la kabbalah hermética, siempre salpicada de elementos hebreos, como un falso montaje de una exégesis veterotestamentaria. Nuestra investigación, siguiendo el ímpetu indómito del alquimista francés, nos alienta en descreer que la kabbalah sea un arte-facto intrínsecamente mosaico; de hecho, si observamos el Árbol de la Vida con detenimiento y desprovistos de suposiciones y conjeturas, veremos desplegarse ante nuestros asombrados ojos un mapa esotérico, de místicos orígenes orientales —quizá germinado del propio semillero de sabiduría hinduísta y taoísta,— que demarca los regímenes de la Gran Obra, pues y en términos del psicólogo suizo Carl Gustav Jung: “ningún árbol crece hasta el cielo sin que sus raíces alcancen el infierno.

Otoño del pintor Thomas Moran:
obsérvese el árbol seco, l'Arbre-Sac, y
recuérdese la premisa Sic in sterili
Pero este Árbol de la Vida yace seco en el hombre mundano, pues sus raices no pueden extraer el agua de vida que triste e irremediablemente se pierden bajo el yugo del himen. Pero entonces Fulcanelli, con la diplomacia y sutileza de su letra, nos sugiere cómo volver a recuperar la primavera y la abundancia (cap. Mito Alquímico de Adán y Eva, Las Moradas Filosofales): (1)
Bajo la tradición bíblica de la caída del primer hombre, los filósofos, con su acostumbrada habilidad, han ocultado una verdad secreta de orden alquímico. Eso, sin duda, es lo que nos sirve y lo que nos permite explicar las representaciones de Adán y Eva que se descubren en algunos viejos edificios del Renacimiento. Uno de ellos, claramente característico de esta intención, servirá de arquetipo a nuestro estudio. Esta morada filosofal, situada en Le Mans, nos muestra, en el primer piso, un bajorrelieve que representa a Adán con el brazo levantado para tomar el fruto del Arbor Scientiae, mientras que Eva atrae la rama hacia él con la ayuda de una cuerda. Ambos llevan filacterias, atributos encargados de expresar que estos personajes tienen un significado oculto, distinto del Génesis.

Este motivo, maltratado por las intemperies —que apenas han respetado más que las grandes masas,— está circunscrito por una corona de follaje, flores y frutos, jeroglíficos de la naturaleza fecunda, de la abundancia y de la producción. A la derecha y arriba, se distingue, entre motivos vegetales carcomidos, la imagen del Sol, mientras que, a la izquierda, aparece la de la Luna. Ambos astros herméticos contribuyen a acentuar y precisar aún más la cualidad científica y la expresión profana del tema extraído de las Sagradas Escrituras.
El ojo entrenado no dejará de percatarse que el alquimista francés, al nombrar la corona de follaje, flores y frutos, está describiendo con toda la vehemencia y osadía de su maestría, aunque bajo el juramento voluntariamente aceptado tras el signum harpocraticum de su fraternidad, a la rota microcósmica, compuesta de su etapa Solve: Solar o de fuego positivo que se desplaza a la derecha y arriba, mientras que, a la izquierda, aparece la de la Luna, es decir, la etapa descendente Coagula: de fuego negativo.

Hemos cumplido nuestra labor de servicio al prójimo exponiendo en detalle este secreto de las órdenes monásticas, que más tarde la masonería hizo patente en la arquitectura de sus edificios en cuya fachada, de remates triangulares y sostenidas por las dos salomónicas columnas gemelas: Jachin y Boaz, abría metafóricamente sus puertas al templo interior donde aguardaba el Tercer Pilar, que semejante al Irminsul sajón, formaba el canal esotérico que comunicaba las regiones inferiores con la atalaya superior celeste. Al respecto, traducimos del libro de Gopi Krishna, The Secret of Yoga, un valioso aporte (cap. VIII, La fisiología del Yoga):
Llegando ahora a nuestro punto: la médula espinal, que juega el papel más importante en el logro de los estados superiores de conciencia, es un cilindro blanco largo, oval en su sección transversal, con materia gris en su parte interior y blanca en la región externa. En cambio, el cerebelo y los hemisferios cerebrales tienen un volumen interno de materia blanca y una fina capa exterior de materia gris en sus superficies. La médula está encerrada por las vértebras, que forman una cubierta ósea robusta a su alrededor. La columna vertebral en el hombre consta de treinta y tres vértebras, que encajan unas con otras, brindando flexibilidad a la espalda. La atención que se presta a sentarse erguido durante el curso de la meditación de yoga está diseñada para evitar la curvatura de la médula y el conducto central, en el que se producen nuevos procesos y se generan nuevas fuerzas como resultado de la presión ejercida sobre el cerebro y los nervios por la fijación consciente y el pranayama. [...]

Treinta y un pares de nervios surgen de la médula espinal, cada par surge en un segmento espinal. Estos segmentos no se distinguen internamente. Cada nervio espinal surge de la médula en dos haces: las raíces dorsal y ventral. Al parecer, las raíces dorsales contienen fibras nerviosas aferentes, o sensoriales, y las raíces ventrales eferentes o motoras. Hacia ambos lados de la médula espinal se encuentra una cadena de ganglios, llamado sistema simpático. Estos ganglios están conectados con otra cadena de ganglios frente a la columna vertebral, lo que da lugar a los plexos simpáticos, conocidos como ganglios prevertebrales. El tercer conjunto de ganglios simpáticos situados en los órganos se llama ganglios terminales. Estos tres conjuntos de ganglios están interconectados entre sí y también con los nervios espinales. Junto a los plexos simpáticos hay otro sistema de nervios conocido como el sistema parasimpático. Tanto los nervios simpáticos como los parasimpáticos constituyen el sistema nervioso autónomo. El más importante de los nervios parasimpáticos es el nervio vago, que surge del cerebro y pasa a la izquierda y derecha de la columna vertebral. La mayoría de los órganos viscerales reciben una doble inervación: tanto el sistema simpático como el parasimpático envían sus conexiones nerviosas. En general, las fibras nerviosas de cada uno de estos dos sistemas tienen acciones antagonistas sobre los diversos órganos.

Los impulsos simpáticos aceleran y los provenientes del parasimpático ralentizan el accionar del corazón. En cambio, la motilidad y secreción del tracto digestivo son aumentadas por los impulsos parasimpáticos y reducidos por los simpáticos. Lo mismo ocurre con otros órganos. Esta acción aumentativa/inhibitoria o excitatoria/depresiva del sistema nervioso autónomo ha sido indicada por los antiguos exponentes del Hatha-Yoga usando los términos caliente y frío. Así se dice que Pingala o el canal Solar, es caliente: se localiza del lado derecho de la médula espinal y surge desde el chakra muladhara y luego se entrecruza varias veces con Ida, el canal Lunar, que es frío y se encuentra en el lado izquierdo del conducto espinal, teniendo su origen en el mismo chackra inferior. Los dos nadis o canales son designados como el Sol y la Luna para significar sus efectos caliente y frío.
El Báculo de Hermes:
nótese la varilla de acero
y las tres puntas de hierro,
o nudos psíquicos (granthis)
de los que habla Fulcanelli
en el capítulo dedicado a
La Salamandra de Lisieux.
La explicación que brinda el pandit Gopi Krishna puede sintetizarse en la gráfica del Cayado de Mercurio o Báculo de Hermes, emblema representativo de la medicina y efigie palpable de la realización de nuestra Piedra obtenido su Primer Orden, dado que luego de la Iluminación —momento en que la oscuridad del Nigredo cede la negrura de sus cuervos a las palomas blancas del Albedo, rememorando la visión trascendente que reconforta las heridas y temores con la saciedad del verde olivo,— el cuerpo orgánico ingresa en una prolongada etapa de sanación; (2) en su más reconocida obra, Kundalini: el Yoga de la Energía, el esclarecido yogui comenta: (3)
La presencia constante del resplandor luminoso en mi cabeza y su estrecha relación con los procesos de mis pensamientos no era un tema que causase tanto desconcierto como su intromisión incesante en el funcionamiento normal de mis órganos vitales. Podía sentir y percibir distintamente su paso a través de la espina dorsal y otros nervios hasta el corazón o el hígado o el estómago u otros órganos del cuerpo, cuya actividad parecía regular de una manera misteriosa. Cuando penetraba en mi corazón, mi pulso latía con más y más fuerza, demostrando sin duda que algún tipo de radiación tónica se estaba derramando en él a través de los nervios conectores. De esto deduje que su penetración en los demás órganos tenía el mismo efecto vivificador y estimulante y que el objetivo de correr a través de los nervios para llegar hasta ellos era verter su sustancia tónica en los tejidos y células a través de los estrechos filamentos de los nervios, estimulando o modificando su acción.
Ahora bien, si se observa el esquema del Árbol de la Vida kabbalístico, vemos que en realidad la disposición de las séfiras ofrecen una vista panorámica de los centros psíquicos por donde transita el prana durante el procedimiento de sublimación del Fuego Secreto de la Gran Obra; nuestra investigación nos conduce precisamente en asociar el Árbol de la Kabbalah con la ruta de los nadis o canales etéricos en donde se produce el proceso de harnelmiatznel consciente a través de las abluciones y lixiviaciones —que son les laveures del alquimista Nicolas Flamel— durante el ejercicio diario de la rota microcósmica. Si se considera las dos ramas laterales del árbol sefirótico, se puede observar que los vértices izquierdos corresponden al canal parasimpático o lunar (la columna Boaz o descendente), mientras que los vértices derechos afectan al sistema nervioso simpático o solar (la columna Jachin o ascendente). El tercer pilar no es otro que Sushumna, es decir, la médula espinal que, una vez saturada de orgón, conecta al centro psíquico sexual (región terrestre o dan tien inferior) con el centro psíquico cerebral (región celestial o dan tien superior). El ojo entrenado comprenderá que la séfira central Da'at, inexistente o en estado embrionario en el ser humano mundano, comienza a desarrollarse luego de la Teofanía Mineral, y cumplida la totalidad de las labores para la obtención de nuestra Piedra de Tercer Orden, será este el núcleo que la teñirá del color Púrpura —lo puro de lo puro— como lo indica Fulcanelli:
Pero lo que sobre todo debemos tener en cuenta, otorgándole la prioridad en la ciencia que nos interesa, es la elevada virtud purificadora que posee el fuego. Principio puro por excelencia y manifestación fisica de la pureza misma, señala así su origen espiritual y descubre su filiación divina. Comprobación ésta bastante singular, la palabra griega pur, que sirve para designar el fuego, presenta exactamente la pronunciación del calificativo francés pur (puro). Asimismo, los filósofos herméticos, uniendo el nominativo al genitivo, crearon el término πυρ-πυρoς, el fuego del fuego, o, fonéticamente, lo puro de lo puro, y consideraron el púrpura y el pourpre francés (púrpura) como el sello de la perfección absoluta en el propio color de la piedra filosofal.
A continuación, proveemos la ilustración del Árbol Sefirótico junto al esquema taoísta de la Pequeña Revolución Celeste para que se aprecie su semejanza; mientras, en el cuadro inferior, resumimos los diferentes vértices por el que transita el orgón durante su proceso de sublimación y depuración en la rota estrecha: (4)

El Árbol Sefirótico,
sobre impuesto a las columnas
del templo salomónico: Jachin y Boaz;
nótese que el centro Púrpura del Corazón
Crístico (M) se desarrolla en el Tercer Pilar
Ilustración de los canales de control,
función e impulsión presente en el libro
Yoga Taoísta del adepto Lu K'uan Yü
en base a las enseñanzas de su maestro
El Anciano de los Mil Picos: Zhao Bichen

SenderoVérticeDenominación hebreaDenominación taoístaDescripción
Sistema simpático:
Canal de control o del vaso gobernador: Tu Mo (vía solar: Jachin o nadi Pingala)
AMalkuthZi (Tzu)La puerta mortal (Sheng Szu Ch'iao)
BNetsahChou(punto intermedio)
CYin(punto intermedio)
DHesedMaoPunto cardinal Este: elemento Madera (limpieza/ablución)
EHokhmahChen (Ch'en)(punto intermedio)
FSi (Szu)(punto intermedio)
Sistema parasimpático:
Canal de función o del vaso de concepción: Jen Mo (vía lunar: Boaz o nadi Ida)

GKetherWuPunto cardinal Sur: el cerebro (ni wan)
HBinahWei(punto intermedio)
IShen(punto intermedio)
JGevurahYuPunto cardinal Oeste: elemento Metal (purificación/ablución)
KHodXu (Shu)(punto intermedio)
LHai(punto intermedio)
Médula espinal:
Canal de impulsión: Ch'ung Mo (árbol seco, tercer pilar o nadi Sushumna)
MDa'atLiEl corazón: la casa del fuego
NTiferethChung t'uLa tierra central: el plexo solar (Chiang Kung)
OYesodK'anEl dan-tien inferior: la casa del agua
PKetherTsu Ch'iaoEl centro del cerebro

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El factor demonológico en la ufología (II)

Existe un consenso tácito que se agita en el trasfondo de las tradiciones ocultistas occidentales; como nuestra humilde labor dentro del Discipulado de la Naturaleza consiste en preparar el camino para que nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad marchen con pie decidido por ciertos senderos anteriormente vedados, aquellos que permitan la unión con las realidades trascendentes de las que el ser humano ha sido escindido y cegado, hemos de resumir algunos postulados reservados por el iluminismo rosacruz de la manera más eficaz y eficiente, y que exponga el papel del ser humano en el proscenio del teatro cósmico.

Las religiones occidentales carecen de un elemento clave que abunda en las orientales: la reencarnación. No obstante, el ojo entrenado merece esforzarse en considerar este aditivo occidental gnóstico —o maniqueo si se prefiere— como una especia aromática que puede envenenar la estadía terrestre; una buena analogía a Apocalipsis 10:10: “Tomé el librito de la mano del ángel y lo devoré, y fue en mi boca dulce como la miel; pero cuando lo comí, amargó mis entrañas.

La reencarnación, entendida desde la óptica del magisterio de cualquier religión oriental, no se observa como una recompensa, fruto de un Dios compasivo que brinda al hombre una nueva oportunidad en los Jardines de su Viña, sino como una dura condena: el alma es cegada de las realidades espirituales, desvaneciendo casi cualquier vestigio de su memoria y es arrojada nuevamente al ciclo incontrolable del nacimiento y muerte: tal es el significado que se esconde en la décima carta del Tarot.

El proceso reencarnativo parece estar en directa relación con el cerco etérico que rodea a la Tierra, y que detectaron tanto Robert Monroe en sus Viajes fuera del Cuerpo, como Trevor James Constable en su obra The Cosmic Pulse of Life: The Revolutionary Biological Power Behind UFOs, quienes terminaron conectándolo con entidades detrimentales de un reino material en octavas superiores de consciencia que profitarían con determinadas energías humanas. Lejos de estas referencias actuales, Mircea Eliade comenta en su libro El Chamanismo y las Técnicas Arcaicas del Éxtasis (cap. XVIII, El puente y el “paso difícil”):
Los chamanes tienen que atravesar, como los difuntos, un puente en su viaje a los Infiernos. El éxtasis supone, igual que la muerte, una “mutación,” que el mito transforma plásticamente en un paso peligroso. [...] El simbolismo del puente funerario está universalmente extendido y rebasa la ideología y la mitología chamánicas. Este simbolismo es solidario, por una parte, del mito de un puente (o de un árbol, o de un bejuco), que en otro tiempo enlazaba la Tierra con el Cielo, y merced al cual los hombres se comunicaban fácilmente con los dioses; por otra parte, está relacionado con el simbolismo iniciático de la “puerta estrecha,” o con un “paso paradójico” que ilustraremos con algunos ejemplos. Nos hallamos ante un conjunto mitológico cuyos principales elementos son los siguientes:
  1. in illo tempore, en la época paradisíaca de la humanidad, un puente unía la Tierra con el Cielo, y se pasaba de la uno al otro sin tropezar con obstáculos, porque no existía la muerte;
  2. una vez interrumpidas las comunicaciones fáciles entre Tierra y Cielo, ya no se pasa por el puente, sino se trasciende “en espíritu,” esto es, como muerto, o en éxtasis;
  3. este paso es difícil, en otras palabras, está lleno de obstáculos y no todas las almas consiguen atravesarlo: es preciso vérselas con los demonios y los monstruos que querrían apoderarse del alma y devorarla, o el puente se hace de pronto tan sutil como el filo de una navaja cuando caminan por él los impíos, etc.: sólo los “buenos” y especialmente los “iniciados” cruzan con facilidad el puente (estos últimos conocen, en cierto modo, el camino, puesto que han sufrido la muerte y la resurrección rituales);
  4. algunos privilegiados consiguen, no obstante, atravesarlo en vida, ya en éxtasis, como los chamanes, ya “por la fuerza,” como ciertos héroes, o ya, por último, “paradójicamente” por la “sabiduría” o por la iniciación [...]
El emergente sistémico que consolidó la proliferación de las sectas renacentistas fue el de brindar una respuesta —o acaso tan sólo un aliciente— ante la posibilidad desconocida de parecernos al frustrado meteorólogo Phil Connors, encerrados en un bucle temporal, aprendiendo a abandonar nuestra personalidad egocéntrica en busca de un mañana. Este sería un resumen de la visión anagógica a la película Groundhog Day (Atrapado en el Tiempo) del iluminismo rosacruz:
  1. la reencarnación existe en el sentido que el embrión del alma es “transplantado,” de un organismo decrépito a uno nuevo que se esté gestando; este es un procedimiento más bien mecanizado en el que la voluntad de un ser humano poco puede hacer;
  2. la reencarnación no se da en portales orgánicos (seres cuaternarios) dado que no tienen “alma,” sino que la están desarrollando en el mejor de los casos; (1)
  3. para aquel porcentaje de la población que no es portal orgánico, es inevitable la reencarnación, dado que el proceso es “administrado” por las entidades de consciencia superior negativas que están en 4ª densidad; estas entidades han “industrializado” el proceso de reencarnación y existen pocas salvedades que un ser humano almado se “salve,” esto es, que logre ingresar definitivamente a 5ª densidad; en este sentido, se puede asociar la visión con algunas corrientes modernas de ufología que sostienen la posibilidad de que las entidades alienígenas “capturen almas,” pues su core business radica en el tráfico y lucro con este procedimiento, no estando sometidos a las leyes espaciotemporales de la 3ª densidad; por lo tanto, pueden “injertarla” en aquella época y geografía que les provoque mayor ganancia de “loosh,” es decir, donde obtengan mayor rinde emocional en función del karma del ser en gestación;
  4. existen dos casos excepcionales que libran al alma del Ciclo Incontrolable de la Vida y la Muerte:
    1. cuando el arcontado detecta un ser humano lo bastante psicopático como para que les sirva en el “arreo” y manipulación de la granja antropecuaria: estos son los “guías” o “maestros ascendidos” que se aparecen en cuantía alrededor de cualquier médium;
    2. cuando un ser humano logra gestar su embrión áureo, es decir, su alma se encuentra desarrollada y suficientemente madura; a esto se lo conoce como la Piedra Filosofal de Tercer Orden.
Esta visión occidental es compartida, o incluso parece tener su fuente, en los tratados orientales que explicaban las técnicas para trascender las diferentes regiones del cerco etérico o “bardos.” JJ Semple, autor de varios libros sobre el cultivo de las energías sutiles, plantea una interesante asociación entre El Libro Tibetano de los Muertos y El Secreto de la Flor de Oro en su obra The Backward-Flowing Method: The Secret of Life and Death (cap. VI: Cosmology):
El Secreto de la Flor de Oro es una guía completa hacia el tercer bardo (Sam-ten bardo, una subregión del Shi-nay bardo: el bardo de transición entre vidas). Es un mapa para un viaje exitoso hacia el siguiente bardo: Chik-khai. La buena noticia es que, una vez aprendida la meditación de El Secreto de la Flor de Oro, ya no se trata del argumento de la película Groundhog Day —no se olvida en el siguiente bardo— dado que ahora formará parte del baul de trucos del eterno Espíritu Primordial para afrontar el ciclo incontrolable de vida y muerte. De hecho, al adquirir las técnicas de El Secreto de la Flor de Oro, no sólo se obtiene los medios para lidiar con la Mente Egoica, sino también con las herramientas para seguir la vía correcta en la vida: libre de adicciones y de conductas autodestructivas. Aun más: no sólo provee de un uso inteligente de las energías sutiles, sino que además esta meditación prepara al novicio para el bardo Chik-khai, al momento de dejar el cuerpo.
Aquellos que detentan el poder en
el plano físico y rigen la Rueda de
la Fortuna de la Granja Antropecuaria
Si el aspirante logra comprender que los objetos que estudia la ufología no son naves interplanetarias, sino que una descripción más acertada los aproximaría con ascensores que facilitan el cruce entre densidades de materia sutil de los reinos superiores con los niveles de materia densa en nuestra realidad, comprenderá que su tarea no sólo consiste en tomar muestras de un planeta exótico, analizar especímenes humanos o recolectar determinados órganos vacunos, sino que su misión se aproxima a regular el desempeño energético de la granja, efectuar un control de daños amonestando a aquellos que divulgan su presencia y recolectar productos biológicos para su supervivencia; Marshall Vian Summers comenta en el último tomo de The Allies Of Humanity:
[...] Como hemos indicado anteriormente, su mundo es visto como un gran almacén de recursos biológicos; así que mientras los Visitantes pretenden los recursos minerales de su mundo, también quieren cosas más elementales para las necesidades de la vida. [...] Ellos necesitan sangre; necesitan de los efectos curativos que proveen los fluidos vitales. Necesitan plasma; necesitan de los elementos biológicos sobre los que se constituye la vida, y que son necesarios para la sustentación orgánica. Y esto significa que los necesitan a ustedes como un recurso biológico.

Una cosa es pensar que su mundo será utilizado para servir a otros poderes; pero la idea de que uno mismo sea utilizado para servir a este poder es un asunto totalmente distinto, y representa una violación a los derechos fundamentales. Esto, por supuesto, se encuentra totalmente oculto de su agenda pública, no informándose nada al respecto a los representantes humanos que forman parte de su
Programa de Pacificación [...]

Los alienígenas están aquí para hacer negocios; y ustedes son parte del negocio: vuestras manos, vuestros ojos, vuestros órganos reproductivos, vuestra sangre, vuestro plasma, vuestra bioquímica: todo esto es parte de su negocio. Para ellos, ustedes no son más que ganado semi inteligente en pie: útil, interesante y comercialmente importante.
Hemos hablado en más de una oportunidad sobre el Programa de Pacificación que opera subconscientemente sobre la humanidad y que parte de su aplicación es, la más de las veces, rutinaria aunque, en determinados casos puntuales, es claramente punitiva como se observa a través de la recuperación de la memoria de los abducidos. Dicho programa cuenta con dos aristas diferenciadas: la primera consiste en programar contactados, de manera que evangelicen e inyecten el programa y las directivas sociales o religiosas del arcontado de acuerdo a la facción alienígena operante: no hemos de olvidar que la desconsideración externa es una propiedad que identifica a los psicópatas y narcisistas. En esta clara pregunta que hace Griffith a la facción del Colegio Invisible, (2) se puede apreciar claramente como ambos bandos actúan desestimando el libre albedrío al usar la mente humana como terreno de batalla:
P: En este punto, parece necesario hacer relucir un punto que puede preocupar a algunos lectores. Es muy natural que se cuestionen: “No me gusta la idea de que una entidad u otra persona pueda implantar en mi mente una idea que voy a considerar como el producto de mi propia memoria o creatividad. Es una invasión de mi privacidad y a mi derecho a tomar decisiones por mí mismo.” Desde un punto de vista puramente ético, tengo que estar completamente de acuerdo con esta afirmación.
R: Todo lo que podemos decir es, “¿preferirías ser reclutado en el ejército para luchar contra seres tan malvados como Hitler o luchar de su lado?” La mayoría de la gente de la Tierra simplemente carecen de la fuerza psíquica o conocimiento espiritual para permanecer neutral en la guerra entre los
Teócratas y el Colegio Invisible. Si no manipulamos subconscientemente, entonces los Teócratas lo harán de todos modos. Justificamos esto de acuerdo a nuestro propio código de ética simplemente aplicando el principio de “el mayor bien.” Un individuo influenciado tanto por el Colegio Invisible como por los Teócratas tiene más libertad en el largo plazo que uno manipulado sólo por los Teócratas.
El segundo y más intrincado modo de operación consiste en actuar como “marca personal” sobre los individuos que, merced a su actitud, vehemencia y constante vigilia de sus propios actos, han rechazado las directivas del Programa de Pacificación, y comienzan su tarea hercúlea del despertar de consciencia. Este despertar dista de cualquier visión edulcorada o alambicada de la Nueva Era e imbrica un férreo trabajo personal en donde las energías burdas de los centros psíquicos inferiores son sublimadas en la búsqueda de la morosa Iluminación y reconexión con el Ser Esencial presente en 5ª densidad.

El aspirante debe comprender, además de profundizar por su cuenta en la copiosa bibliografía que citamos y disponemos para su propia e inedulible tarea de destilar conocimiento, que la decisión de dar inicio a la pericia del Arte no es asunto sencillo y requiere de preparación, insistencia, aplomo y templanza: la etapa del nigredo, como James M. Pryse nos advierte en The Apocalypse Unsealed, se trata de sufrir con antelación el propio apocalipsis o vía crucis personal. Sepa el neófito —aunque equivocadamente nos pueda etiquetar de desmesurados,— que deberá apertrecharse para una batalla mortal por su propia alma, pues el enemigo a conquistar, su propio subconsciente, desplegará un nivel de astucia de una inmensa crueldad que alcanzará proporciones desconocidas frente a cualquier antecedente en la historia personal del aspirante; pues con cada giro de la rota microcósmica, se le estará extrayendo energía vital a las entidades parasitarias que cohabitan su propio microscosmos, y éstas se defenderán articulando con el sistema de control hiperdimensional supinos sincronismos negativos con el objetivo de usurpar cualquier atesoramiento logrado.

Estas entidades negativas son los astutos introyectos de la psicología o los evasivos implantes de la ufología. Coincidiendo con Gurdjieff y Ouspensky, animamos al Buscador de la Verdad a estudiar previamente y en profundidad el comportamiento de estas alimañas exógenas, dado que al ver limitado su suplemento energético, desatarán toda clase de ataques: desde comportamientos destructivos, pensamientos aberrantes a desequilibrios endócrinos que provoquen un ataque de pánico. Estos agregados psicológicos detrimentales, inmersos en los tenebrosos intersticios provocados por antiguas negligencias ajenas y pasadas indulgencias propias, de acuerdo a su variada naturaleza, buscarán cualquier forma hostil, lisonjera o manipuladora para retomar el control del precioso destilado. Finalmente, sólo será el temple del Buscador aquel factor determinante que dará por superada la batalla; cabe entonces recordar las palabras del filósofo austríaco Rudolf Steiner en Die Erkenntnis der Seele und des Geistes (La realización del alma y del espíritu):
Hay seres en los reinos superiores para quienes la ansiedad y el miedo que emanan de los seres humanos son sus manjares predilectos. Cuando los seres humanos no tienen ansiedad ni miedo, entonces estas criaturas mueren de hambre. Las personas que aún no estén suficientemente convencidas de esto tal vez consideren esta afirmación como una alegoría. Pero para aquellos que estén familiarizados con este fenómeno, sabrán que es una realidad. Si el miedo y la ansiedad irradian de las personas y se desatan en pánico, entonces estas criaturas encuentran su fuente de alimento y se vuelven más y más poderosos. Estos seres son hostiles hacia la humanidad. Todo lo que genere sentimientos negativos, ansiedad, miedo, superstición, desesperación o duda, son en realidad las fuerzas hostiles de los mundos suprasensibles, lanzando crueles ataques contra los seres humanos mientras se alimentan. Por lo tanto, es necesario que la persona que comienza a ingresar en el mundo espiritual supere el miedo, los sentimientos de desamparo, la desesperación y la ansiedad. Pero estos son precisamente los sentimientos que pertenecen a la cultura contemporánea y al materialismo; porque lo que distingue a las entidades detrimentales de los reinos superiores, es su facilidad para desatar la desesperanza y el miedo a lo desconocido en los seres humanos, obteniendo un caldo nutritivo para las fuerzas hostiles antemencionadas.
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La Gran Obra: paralelismos entre sufismo y taoísmo (III)

En las entregas previas hemos intentado ofrecer las semejanzas entre las visiones sufista y daoísta, considerando el papel central que juega el intercambio de la energía del Hombre (microcosmos) con la Naturaleza (macrocosmos): el Cuarto Camino busca eliminar las pérdidas de energía emocional (qi), evitando los excesos de la imaginación, la identificación y, en especial, la expresión de las emociones negativas; el Taoísmo, en cambio, se concentra en el acopio de la energía sexual (jing) por medio del ejercicio de la rota microcósmica como una forma de eliminar la lujuria —esto es, que la tiranía del deseo sexual se convierta en una opción y no en la norma,— transformando el exceso de fuerza generativa que se concentra en el dan-tien falso inferior, a través del uso de la bomba sacra para trasladarlo hacia el dan-tien real inferior, previa sublimación con el pervasivo agente celestial; hallamos también coincidencias en los objetivos de ambas disciplinas: la llegada del Submayordomo del Cuarto Camino que prepara la labor para el alumbramiento del Maestro no presenta demasiadas diferencias con la gestación y cuidado del embrión áureo que en el daoísmo se considera como único vehículo para llegar al Tao.

Si bien el magisterio sufista se concentra en detallar la disciplina para este fin, una vez despertada la supraconsciencia, no hemos encontrado referencias que expongan un método para el desarrollo y la utilización de los estados de consciencia superiores. Sin embargo, la disciplina del neidan daoísta ofrece un enriquecido itinerario tras haber logrado el iluminado estado de bodhicitta, equivalente en el budismo a la teofanía mineral de los alquimistas occidentales; incluso conecta con los estudios demonológicos del cristianismo temprano, en particular con los tratados filocálicos, y permite una visión colineal con las teorías conspiranoicas de la ufología moderna, dado que informa los riesgos que corre el embrión áureo de ser presa de entidades negativas en los reinos superiores.

Entendemos que será de extrema utilidad para nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad conectar los trabajos del doctor David Hufford, en especial su libro The Terror that Comes in the Night, junto con la experiencia del pandit Gopi Krishna, en su obra Kundalini: el Yoga de la Energía, para sortear el difícil momento del alumbramiento del bebé shen, nutrirlo diligentemente durante los primeros años y protegerlo en sus estadías fuera del cuerpo hasta que su naturaleza varíe del inicial estado yin shen, cuando logre alcanzar la gloriosa condición yang shen, recibiendo entonces las facultades divinas, razón por la cual los alquimistas han velado los acontecimientos que transcurren durante los sucesivos regímenes de la Gran Obra usando los términos “tarea de mujeres,” “juego de niños” y el bienaventurado “don de Dios.”

La información más detallada que ha llegado escrita a nuestros días corresponde al maestro Chao Pi Ch'en (también escrito Zhao Bichen, en chino 趙避塵) y entendemos que la mejor síntesis de su obra consiste en la explicación brindada en el Rosarium philosophorum sive pretiosissimum donum Dei (Rosario de los Filósofos o el regalo más precioso de Dios): “Nuestra piedra es el producto del magisterio mismo y es asimilada, en su progresión, a la creación del hombre: en primer lugar viene el coito, en segundo lugar la concepción, en tercer lugar el embarazo, en cuarto lugar el nacimiento, y por último la nutrición.

Al conectarlo con el sufismo, vemos que las concepciones son sorprendetemente parecidas: los diferentes combustibles necesarios para el buen funcionamiento de los centros psíquicos del Cuarto Camino son, esencialmente, el refinamiento energético buscado en el magisterio daoísta: el más burdo de estos suministros es el jing, la fuerza generativa que psicológicamente podemos comparar con la líbido sexual. El jing o esencia necesita limpiarse, disolverse, purificarse y reunificarse en un nuevo compuesto: el qi (chi); y por último, el compuesto hermético debe sublimarse nuevamente en la energía psíquica shen. (1)

Confucio presenta el bebé
Buddha al filósofo Lao-Tzu
Cuando el principio hermético es mantenido por más de un año, la sublimación de jing produce suficiente acumulación de qi para iniciar una serie de cambios fisiológicos que culminan en un hito particular: la consolidación del sub-mayordomo; es decir, el centro magnético embrionario comienza su moroso desarrollo y más tarde logrará subyugar a los egos o complejos autónomos psicológicos; mientras que los daoístas hablan de este paso importante como Colocar los Cimientos (zhu ji lian yi), los alquimistas occidentales lo han denominado como el templado del atanor, y a nuestro entender, se trata de una analogía válida pues la saturación de qi puede provocar trastornos de ansiedad en los centros psíquicos inferior y medio pues se ven colmados de combustible que no le es propio. Gopi Krishna comenta sobre su experiencia:
Mientras dormía, a menudo el ritmo de mi pulso era mayor que durante el día. Comprobaba este hecho con regularidad, tomándome el pulso inmediatamente después de despertar en cualquier momento de la noche. En numerosas ocasiones descubrí que latía tan rápidamente que me causaba ansiedad. Los latidos fuertes y rápidos señalaban claramente un proceso metabólico indudablemente acelerado, que la sangre corría con rapidez, incontables formaciones y transformaciones en los tejidos celulares, todo ello afectado por la corriente vital que se extendía como una tormenta a través del organismo entero con el propósito evidente de rehacerlo hasta alcanzar un grado superior de eficacia.
Señalamos entonces que la salud física y la edad del aspirante son dos variables importantes sino vitales para la completitud de la Gran Obra. En el taoísmo se propone como edad tope a los 64 años y el adepto Lu K'uan Yü establece una escala en función de una unidad métrica de estabilidad psicosomática denominada chu. (2) Los chu se pueden graficar como una función cóncava con su máximo a los 16 años y debido a que su vitalidad positiva (principio yang) decrece gradualmente mientras que su contrapartida negativa (principio yin) aumenta proporcionalmente, a partir de los dieciséis años se desarrolla una unidad de principio negativo cada noventa y seis meses:

EdadCantidad de mesesChu(s)Principio positivoPrincipio negativo
2 años y 8 meses326410
5 años y 4 meses6412820
8 años9619230
10 años y 8 meses12825640
13 años y 4 meses16032050
16 años19238460
24 años28832061
32 años38425662
40 años48019263
48 años57612864
56 años6726465
64 años768066

Las unidades que se adicionan a los principios positivo y negativo motivados por la edad pueden variar por razones exógenas: es decir, las respectivas unidades Yang y Yin sufren variaciones significativas en caso de enfermedades, situaciones extremas y, por supuesto, procesos hiperdimensionales como episodios frecuentes de visitantes de dormitorio y abducciones que aumentarán drásticamente el principio negativo. Asimismo, la aplicación de conductas psicopáticas facilita el “robo” del principio vital ajeno a partir de la manipulación emocional, la extorsión mental y la tortura física de entidades de consciencias inferiores o inocentes. No debemos desestimar que individuos en el camino siniestro exhiban actitudes y procedimientos encubiertos o manifiestos para enriquecerse vitalmente a partir del sufrimiento ajeno.

Pero aun con todas estas dificultades y siguiendo los lineamientos del magisterio taoísta es posible recuperar los chu perdidos ejercitando constantemente la rueda del pozo. (3) Aconsejamos vehementemente al aspirante utilizar las técnicas del fuego militar de la disciplina interna Kan-Li (Agua-Fuego) para robustecer el sistema defensivo autónomo del organismo previo al comienzo de la obra, aunque también lo hemos encontrado útil como método para morigerar los efectos del exceso de qi. (4) Una vez preparado el cuerpo físico, el magisterio del daoísmo propone tres regímenes de sublimación con distinto propósito:
  1. lian jing hua qi (sublimación macroscósmica de la fuerza generativa): requiere de la fragua del dan-tien inferior para sublimar el jing (esencia) en qi (traducido en los tratados como aliento/vitalidad) y el objetivo es confeccionar la Śarīra o la Perla de Cristal que es la famosa cristalización del exioëhary de la que habla Gurdjieff; (5) los tratados daoístas coinciden en un periodo de 90 a 100 días de manutención del principio hermético para transformar la fuerza generativa en qi a través de la ejercitación diaria de la pequeña revolución celeste, ya descrito como primer régimen del mercurio de los sabios;
  2. lian qi hua shen (purificación microcósmica de la vitalidad): durante este Régimen de la Piedra ha de cargarse la Cruz, símbolo del sufrimiento de nuestro amado redentor, sobre los dos hombros: el izquierdo, portador del Sol, y el derecho, teniendo como guía la Luna:
    El método consiste en girar los ojos nueve veces en cada una de las cuatro fases (de A a D, G y J), treinta y seis veces en total, para levantar el fuego positivo y clausurar la “Puerta Misteriosa” (k'ai kuan), y luego girar los ojos seis veces en cada una de las cuatro fases (de G a D, A y J), veinticuatro veces en total, para hacer bajar el fuego negativo y abrir así la “Puerta Misteriosa.” Estas revoluciones pasan por los cuatro puntos cardinales A, D, G y J para sublimar la fuerza generativa previamente recopilada y convertirla en vitalidad.
  3. Para el Taoísmo, la dirección ocular
    determina el canal que tomará el orgón:
    la Cruz A→ D→ G→ J transita por Tu-Mo,
    la Cruz G→ D→ A→ J transita por Jen-Mo y
    al vizquear los ojos se transita por Ch'ung-Mo
  4. szu ko yin yang (acopio de vitalidad para fortalecer el espíritu): utiliza la estufa del dan-tien intermedio y consiste en sublimar el qi para refinarlo en la energía psíquica shen (espíritu); la finalización exitosa de este régimen resulta en la integración final de los dos principios contrapuestos para trascender la dualidad; desde el punto de vista psicológico, el consciente (Ego, orientación STS, mente discriminatoria) y el subconsciente (Ello, orientación STA, mente indiscriminatoria) se integran al ser administrados por un nuevo centro psíquico: la supraconsciencia (SuperYó, orientación STO, es decir: balance); la finalización de este régimen es la iluminación o Piedra de Primer Orden.
Es así que los hornos de la alquimia, que en muchas ilustraciones aparecen con sofisticadas y descabelladas formas de redomas ventrudas, intentan explicar como el fuego filosofal va ascendiendo por los diferentes dan-tiens hasta alcanzar, tras la teofanía mineral, la clasificación de caldero precioso, símbolo hermético por excelencia del rosetón multicolor en el imafronte de las catedrales góticas, pues la visión interna del adepto se enriquece notablemente y comienza a percibir las formas internas y externas de los fuegos (es decir, del cuarto estado de la materia o estado de plasma); Gopi Krishna nos ilustra:
A veces parecía como si un chorro de cobre fundido, subiendo a través de la espina dorsal, chocase contra mi coronilla y cayese a mi alrededor en una lluvia centelleante de vastas dimensiones. Lo contemplaba con fascinación, el temor aferrando mi corazón. De vez en cuando parecía un espectáculo de fuegos artificiales de gran magnitud. Por muy lejos que mirase hacia dentro con mi ojo mental, sólo veía una lluvia brillante o un charco incandescente de luz. Parecía como si menguase de tamaño al lado del halo gigantesco que me rodeaba, que se extendía por todas partes en ondulantes olas de color cobre, claramente perceptibles en la oscuridad circundante, como si el centro óptico del cerebro estuviese ahora en contacto directo con una sustancia extremadamente sutil y luminosa en movimiento perpetuo, inundando el cerebro y el sistema nervioso, sin la intervención de los conductos intermedios de la retina y el nervio óptico.
La experiencia del alquimista francés Fulcanelli es similar, pero además incorpora la percepción auditiva:
Cuando oigáis en el recipiente un ruido análogo al del agua en ebullición —fragor sordo de la Tierra cuyas entrañas desgarra el fuego,— disponeos a luchar y conservad vuestra sangre fría. Advertiréis humaredas y llamas azules, verdes y violetas que acompañan una serie de detonaciones precipitadas... Una vez pasada la efervescencia y restablecida la calma, podréis gozar de un magnífico espectáculo. En un mar de fuego, se forman islotes sólidos que sobrenadan animados con movimientos lentos y toman y pierden una infinidad de vivos colores. Su superficie se hincha, revienta por el centro y los hace asemejarse a minúsculos volcanes. Desaparecen a continuación para dejar sitio a hermosas bolitas verdes, transparentes, que giran con rapidez sobre sí mismas, ruedan, se tropiezan y parecen perseguirse en medio de las llamas multicolores y de los reflejos irisados del baño incandescente.
El paso siguiente consiste en nutrir al bebé shen, que no posee autonomía propia ni posibilidad de defenderse en caso de ser atacado fuera del cuerpo. Los tratados budistas, en especial, son enfáticos en que durante esta etapa es un factor crítico proteger al yin shen de los seres inorgánicos parasitarios que buscarán alimentarse de su principio negativo; en la introducción al Tratado de alquimia y medicina taoísta (Weisheng Shenglixue mingzhi), Catherine Despeux nos advierte:
Primero hay que reabsorberlo [hacer reentrar al cuerpo al bebé shen, esto es, evitar los OBE (out of body experiences o viajes astrales) prolongados] rápidamente ya que, al no estar fortalecido, puede disolverse o ser la presa de todo tipo de demonios. La aparición de un gran número de demonios venidos para atacar al Shen es uno de los múltiples peligros de esta etapa sobre los que insiste Wu Chongxu.

Si recordamos que los demonios pertenecen al mundo Yin de la tierra, su ataque puede interpretarse como una última defensa del Yin antes de su desaparición completa. El Chuan dao ji, pone en guardia al adepto contra los demonios que pueden venir del exterior o de los sueños, o también de la visión interior que engendra todo tipo de perfumes, de sonidos, así como de visiones maravillosas y de alegrías extraordinarias.

Estas advertencias se encuentran en el Xingming Guizhi que habla de la aparición de fenómenos luminosos, de visiones de bellas mujeres que acechan al adepto hacen pensar, en la tradición budista, al último combate del Buda, a lo largo del cual Mara —demonio de la ilusión— intenta desviarla a través de todo tipo de visiones paradisiacas.
A nuestro entender es importante que el aspirante tome conocimiento del proceder de estas entidades negativas, invisibles a los ojos mundanos, pero completamente perceptibles una vez lograda la visión interior. (6) El planeta Tierra se encuentra bajo el velado dominio de estas entidades psicopáticas y cualquier ser humano que logre el despertar definitivo es un blanco concreto a quien atacar; volvemos a hacer énfasis en los estudios del doctor Hufford, y sirva nuestra recomendación en evitar descansar o dormir de espaldas, dado que se aprisiona el canal del Vaso de Control (Tu Mo) dejando expuesto el Vaso de Concepción (Jen Mo) y que, en ausencia del co-gobierno del primero, es una vía fácilmente manipulable que detona cuadros de ansiedad y disautonomía.

Las etapas siguientes al régimen del albedo ya son más sosegadas pues el individuo comienza a emanciparse del sistema de control hiperdimensional. Es decir, el principio negativo yin, que demarca su existencia al factor exógeno, comienza a debilitarse y progresa entonces su principio positivo yang, volviéndose invisible a los sincronismos negativos que confecciona el cerco hiperdimensional: en los mitos y leyendas griegos se sostenía que el héroe que enfrentaba a las fuerzas del Hades se muñía de reliquias, provistas por los Cíclopes (aquellos maestros que han logrado el despertar del tercer ojo), que le otorgaban de invisibilidad para llevar a cabo su misión salvífica de la humanidad. Los regímenes restantes para la confección de nuestra Piedra se completarán a través de:
  1. lian qi hua shen (refinamiento del qi para transformarla en espíritu): cuando la circulación microcósmica se vuelva autónoma, envolviendo un circuito más amplio, relacionado con los “Ocho Meridianos Extraordinarios” en la llamada “Órbita Macrocósmica” (da zhou tian); el filósofo entonces comienza a reintegrarse al principio natural, uniendo Cielo y Tierra; durante esta etapa comienza a restaurarse el cuerpo orgánico ya que el exceso de jing se utiliza como ingrediente alquímico restaurador.
  2. lian shen huai xu (refinar el espíritu para regresar al vacío): en esta fase de la práctica, la energía psíquica (shen) evoluciona al llamado “espíritu original” (yuan shen). Las energías mezcladas del estado “cielo posnatal” (hou tian) se restauran en un tipo de energías primordiales llamadas “cielo prenatal” (xian tian); el bebé shen progresa de su estado yin hacia yang.
  3. lian xu he dao (transmutar el vacío para alcanzar el Tao): esta etapa opcional consiste en hacer progresar el yang shen de Cuarta Densidad hacia Quinta Densidad; el cuerpo físico de Tercera Densidad se reabsorve en vida; probablamente en la Sesión Cassiopaea del 30 de Septiembre de 1994 se haya intentado transmitir esa idea sobre Jesucristo: (7)
    P: (Laura) Entonces no hubo crucifixión, no hubo resurrección después de los tres días, es correcto?
    R: Bastante.
    P: Bien, ¿cuál es la verdad sobre este asunto?
    R: Abandonó la Tierra en un vehículo luego de un estado de sueño extendido.
    P: ¿Cuándo fue que entró en este estado de sueño? ¿Se fue un día a la cama a dormir y luego una nave vino y lo recogió?
    R: Algo así.
    P: ¿Así que le pareció a sus seguidores que había muerto?
    R: Ellos pensaron eso.
    P: ¿Se levantó en algún momento y dijo algo a alguien antes de irse en la nave?
    R: Sí.
    P: ¿O sea volvió de la muerte...
    R: Sí.
    P: ... y luego les dijo cosas que había visto en su sueño meditativo extendido, fue eso lo que sucedió?
    R: Algo parecido.
    P: Bien, ¿qué pasó?
    R: Profetizó y proclamó entonces su eventual retorno.
    P: ¿Fue esta información la que obtuvo durante este período de sueño prolongado?
    R: Sí.
    P: ¿Cuánto tiempo estuvo dormido, o en este estado de semi-muerte?
    R: 98 horas.
De acuerdo al doctor Jwing Ming Yang, el cronograma de la Gran Obra dentro del budismo y el taoísmo coinciden y comprenden un total de tres años para lograr la Santidad (una vez obtenida la primer iluminación o Bodhicitta que le convierte en un ser bi-densidad) y otros nueve años para alcanzar la Sabiduría, esto es, la Piedra Filosofal de Tercer Orden:
Como se puede comprobar, el Dao de alcanzar la iluminación o de convertirse en Buda requiere muchos años de entrenamiento. Consiste en [...] la formación de un “Embrión Espiritual” (cien días para la fundación) que es comúnmente denominado “Sheng Tai” (Embrión Sagrado) o “Ling Tan” (Embrión Espiritual). A continuación hay diez meses de nutrición y crecimiento, tres años de cuidados, y finalmente nueve años para educar a este Shen bebé hasta que madure y sea independiente. En el entrenamiento del Qigong budista y daoísta se cree que para alcanzar la meta final de la iluminación y el estado búdico primero se debe crear un cuerpo energético espiritual independiente. Después de la muerte del cuerpo físico, este cuerpo espiritual continúa viviendo eternamente y no retorna a la rueda de la reencarnación.
El adepto, llegado a este momento, ha logrado la maestría, recuperado la memoria de sus existencias “pasadas” (anamnesis, del griego ἀνάμνησις: “rememorado”) y es consciente de las realidades de tercera y cuarta densidad: puede, a voluntad, ingresar o retornar de sus estadías fuera del cuerpo, aquellas que las tradiciones místicas asiáticas denominan samādhi; las facultades taumatúrgicas como la sanación, la visión extendida y la consciencia de todos sus futuros probables son las nuevas herramientas cognitivas que provee la supraconsciencia madura; Eugene Canseliet en el segundo prefacio a la edición francesa de Las Moradas Filosofales comenta al respecto:
En aquella época hacía ya seis años que nuestro viejo maestro había conseguido la elaboración de la Piedra Filosofal, de la que se ignora ordinariamente que se divide en Medicina Universal y en Polvo Transmutatorio. Una y otra aseguran al adepto el triple patrimonio —conocimiento, salud y riqueza— que exalta la estancia terrestre a la absoluta felicidad del Paraíso del Génesis. Siguiendo el sentido del vocablo latino adeptus, el alquimista ha recibido desde ese momento, el Don de Dios, o, mejor aún, el Presente en el juego cabalístico de la doble acepción, subrayando que, a partir de entonces, goza de la duración infinita de lo actual [...]


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