martes, 22 de marzo de 2016

El factor demonológico en la ufología (I)

Parafraseando al enmostachado Gurdjieff, el predador de la humanidad es un sujeto astuto: no devorará a su presa de un sólo bocado; le mantendrá viva e intentará saborearla durante toda su existencia física: se alimentará de su dolor y de su temor, disfrutará con su ansiedad y saboreará sus pasiones con dilección. Como buen comensal, sazonará su alimento con especias que implantará en su presa: enfermedades, vicios y obsesiones; estas le harán el caldo gordo con que se nutrirá a lo largo de los sincronismos negativos que pueblen la manipulada vida emocional de su víctima humana. De las Sesiones Cassiopaea:
P: (Laura) ¿Cómo funciona el mecanismo de control con estas dos [personas], ya que, obviamente, ambos estarían sorprendidos de oír esto, si de hecho, no negasen completamente el fenómeno?
R: Las ondas se transmiten hacia sus mentes y éstas estimulan los implantes precodificados. Estos son monitoreados y cuando se exponen a la verdad, se generan olas para evitar la recepción y reforzar los patrones de pensamiento pre-codificados de resistencia.
P: ¿Se dijo en otra ocasión que se hizo algún procedimiento físico para bloquear mi energía y causar dificultades físicas. ¿Qué fue lo que pasó?
R: Se le ha inhibido la tiroides.
P: En alguna ocasión informaron que el libre albedrío es la ley más importante en la Creación. ¿Por qué no podemos ejercer nuestro libre albedrío y negarnos a ser abducidos y manipulados?
R: Aquellos que los están abduciendo están ejerciciendo su libre albedrío al hacerlo.
P: ¿Por qué su libre albedrío tiene prioridad sobre el nuestro?
R: ¿Por qué vuestro libre albedrío tiene prioridad sobre los seres de 2° o 1° densidad?
Pero la supina actividad requiere antes de un pormenorizado examen médico y psicológico; el distinguido comensal sacia sus apetitos con un alimento desbalanceado, melancólico con una orquestada y lenta desintegración, maximizando el régimen calórico que le puede ofrecer la fuerza vital distorsionada de este humano: ¿sus esencias sexuales serán más provechosas si se vierten en la necesidad del aislamiento y soledad? ¿ha de inyectársele implantes psicológicos que lo conduzcan hacia aberraciones más nutritivas? ¿por qué no proveerle un trauma oculto que lo arrastre hacia una suculenta depresión y que culmine en un trágico suicidio? En Disneyland of the Gods, nuestro respetado John Keel nos recuerda:
Los humanos hemos estado sufriendo de extrañas distorsiones de la realidad desde siempre. En el ocultismo y en la religión, y en los tradicionales cuentos de hadas del Medio Evo, todos los relatos concluyen en lo mismo. Los abducidos recuerdan una especie de larga aguja que es introducida en su abdomen. Y este tipo de procedimientos médicos puede ser hallado en historias tan antiguas como de medio siglo atrás.

Cuando se observan todos estos relatos desde una visión panorámica se llega a la irremediable conclusión de que alguien, periódicamente, ha estado abduciendo humanos con el fin de realizarles alguna clase de auscultación, de la misma forma que nosotros hacemos una inspección veterinaria de nuestro ganado.
La energía loosh del centro emocional,
recolectada por entidades parasitarias
inorgánicas de la cuarta densidad
El fiero convidado, provisto de una visión hiperdimensional, puede evaluar los futuros probables de su presa, auxiliado en su profundo conocimiento de la psicología humana: al fin y al cabo, ellos retorcieron al ser humano para hacerlos ávidos y voraces, sabuesos denigrados que olfatean la debilidad de sus congéneres para someterlos dentro de su propia jerarquía social. No pasa por la mente de aquel ser hostil, la somera posibilidad de que el humano despierte. No, los han cegado hábilmente; además, el relato con que han nutrido a sus libros sagrados es más que elocuente: el hombre es el príncipe de la creación. No debe el humano temerle a nada: ocupe su vida en reproducirse y poblar la granja del buen dios: hacer sacrificios, someter la poca voluntad y vaciar el pensamiento crítico en un éxtasis de dogmática fe: la devoción es otra distinguida forma de alimento sutil con que nutre a los dioses nefastos. El renegado Trevor James Constable, en su brillante y olvidado libro The Cosmic Pulse of Life concluye al postular en el capítulo The Boys Donwstairs a las entidades detrimentales:
Hay esencialmente dos facciones trabajando tras los OVNIs. Están los eterianos, que custodian y guían, y los “muchachos de abajo” que confunden y manipulan a la humanidad. Los instrumentos terrestres de los “muchachos de abajo” incluyen a aquellos que están inspirados —por cualquier medio que se adapte al individuo en particular— para destruir todo enfoque racional del tema OVNI. Los gobiernos y sus auxiliares científicos demuestran adecuadamente el anquilosamiento de la investigación racional.

La analogía puede aclarar más estos procesos. Cuando el estafador es descubierto, ya no es de confianza: ha sido expuesto y es inútil a los fines del secreto. Un carterista atrapado en el acto no sólo va a la cárcel, también podría ser castigado por su víctima. La exposición perjudica el funcionamiento de la actividad siniestra, independientemente de su magnitud. La putrefacción de arriba a abajo del gobierno estadounidense sacada a la luz a través de las audiencias de Watergate ha revelado la actividad criminal y antiética en una escala que ha hecho que la mayoría de los estadounidenses decentes se den cuenta de que su país está plagado de mal. Al igual que con el carterista y el estafador, así con los más altos niveles de trabajo; el lado siniestro depende de la subrepción para continuar su trabajo.
Aunque desde nuestra perspectiva existen tres facciones, la disección que hace Constable es acertada: podemos observar los mismos actores en el revelador libro de Kyle Griffith, War in Heaven (Guerra en el Cielo), cuando describe a los Teócratas en aparente lucha contra el Colegio Invisible, en un similar juego ajedrecístico, custodiando, manipulando y sacrificando a sus piezas humanas en el tablero de la tercera densidad. Empero, ambos autores desconocen a la tercer facción de servicio al prójimo que actúa desde la directiva primaria del balance, honrando y respetando el vapuleado libre albedrío humano.

Uno de los principales problemas con que se topará el buscador de la Verdad es cuando efectivamente se encuentre con ella. ¿La reconocerá? En un mundo de mentiras e ilusiones, la Verdad (o cualquier porción que oriente hacia ella) no brillará como una gema; lo más probable es que luzca deslucida, siniestra y hasta increíble. Los titiriteros han hecho bien su trabajo: el cerebro límbico de su aberración espera que la Verdad se presente hermosa, alegre y, sobre todo, fácil. Poniéndonos un tanto eclesiásticos, en Apocalipsis 10:9-10 leemos:
Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: ´Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.' Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.
Si nos atrevemos a entrecruzar este immram neotestamentario con las experiencias extracorporales de Robert Monroe y a comparar al ángel bíblico con su Inspec, (1) podemos citar un calcado destilado final (cap. XIII: Shock Treatment de su libro Far Journeys):
Me tomó varios meses adaptarme al concepto del Loosh [que me explicó mi Inspec]. “Adaptarme” es una palabra muy amplia para describir el ciclo completo de shock, rechazo, ira, depresión, resignación y aceptación. [...] Algo estaba muriendo en mí. Durante mucho tiempo me había dado cuenta de que el Dios de mi infancia no existía, al menos no en la forma imaginada por mi sistema de creencias. Sin embargo, había aceptado profundamente el concepto de Creador y Creado: no tenía más que mirar a mi alrededor el elaborado e intrincado orden del diseño, la simbiosis que hacía funcionar todo el proceso, los árboles que crecían en línea recta si se les daba la oportunidad, que me proporcionaban a mí y a otros respiradores de oxígeno lo que necesitábamos mientras proveíamos sin saberlo nuestros productos de desecho, que éstos necesitaban para existir... el equilibrio de todo el planeta, cuyas bandas filtrantes externas de energía permitían sólo la cantidad y la calidad adecuada de la luz solar tan crítica para el crecimiento biológico... y por supuesto la cadena alimentaria. [...]

Pero el concepto de Loosh explicó todo claramente. Y lo más importante: declaró el propósito, la razón de todo, el por qué de la existencia. Este factor se me había escapado durante mucho tiempo. La respuesta que ahora brindaba el Loosh era simple y evidente. La razón estaba allí, de una manera muy prosaica. Se nos ha facilitado lo que entendemos como civilización pues producimos algo de valor: Loosh. Si finalmente uno era capaz de superar las barreras emocionales asociadas, era fácil, casi obsceno, entender la razón de nuestra existencia en la Tierra. Una explicación concisa sobre la conducta humana y sobre la historia de nuestra civilización.

Loosh: la energía generada por toda la vida orgánica en diversos grados de pureza, la más destilada y potente proviene de los seres humanos: aquella engendrada por la actividad humana que provoca la emoción —y la más alta de todas— el instinto de supervivencia.
Para el ojo entrenado, la pastilla roja tal vez resulte en una amargura necesaria.

Pero trascendida la depresión, nos enfrentaremos al desierto de la realidad. La mayoría de los autores conspiranoicos —de la que seguramente nuestros queridos hermanos en la búsqueda de la Verdad nos eximirán— parecen arribar a esta desasosegada conclusión y refugiarse en las difusas sombras de la tronera cavernaria, a la espera de una luz magnánima que los conduzcan con seguridad hacia un ámbito más dichoso. Parecen desconocer que atender el llamado no sólo implica el saber si no también el ser... el ser humano que aspire a la libertad, no esperará que una entidad de consciencia superior lo conduzca fuera de la ergástula platónica, sino que pondrá pies en polvorosa para hallar la salida. La comodidad dejó de ser una opción.

Esto no significa que el conocedor se encuentre desamparado; muy por el contrario, cuenta con un verdadero guía interior. Pero para aclarar el panorama, recordemos que la conexión entre el consciente y el supraconsciente se encuentra escindida: volverla a religar es el acto supremo que nos convierte en ser. Y de acuerdo a nuestra investigación, esta reconexión requiere de la pericia del arte sacro, con el fin de lograr las prendas solares de la santidad, esto es —alejado de toda desviación eclesiástica,— el Sendero del Balance.

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